NATALIA PESCADOR/NTRZACATECAS.COM
NATALIA PESCADOR/NTRZACATECAS.COM

MADRID. La ganadería de Saltillo protagonizó el vigesimosexto festejo de la Feria de San Isidro, y lo hizo por la mansedumbre de los seis toros que fueron lidiados, incluso el cuarto del festejo fue merecedor de las banderillas negras, Cazarrata, un toro al que resultó imposible lidiarlo, pues mostró un comportamiento como si ya estuviera toreado.

Los mansos con peligro pusieron a prueba a la tercia formada por Sánchez Vara, Alberto Aguilar y José Carlos Venegas.

La tarde se desarrolló en medio del peligro tanto para los toreros como para las respectivas cuadrillas, toros con riesgo y dificultad que exigieron en demasía y que no permitían error alguno. A José Carlos Venegas se le fue vivo su primer toro, resultó imposible matarlo, y por ello sonaron los tres avisos, pero no hubo quién recriminara al torero; al contrario, reconocieron el valor de estar ahí e intentarlo una y otra vez, incluso le llamaron a saludar en el tercio, pero el diestro decidió no salir.

Sánchez Vara también la pasó mal con su lote, sobre todo con su segundo, un toro infumable que prácticamente se fue inédito en la suerte de varas, y que obligó al presidente a sacar el pañuelo naranja para que se le colocaran las banderillas negras. Con la muleta, fueron momentos de suplicio, en los que lo mejor que pudo hacer el torero fue tomar por la espada y tirarse a matar de cualquier forma; también, el público, que en Madrid suele protestar este tipo de situaciones, enmudeció ante la escena y aplaudió la decisión del torero.

Sin lugar a dudas, en esta corrida sobresalieron el valor, la verdad, el arrojo y la sobrada disposición de Alberto Aguilar, quien terminó por imponerse en sus dos toros, en una muestra férrea en la que demostró, además, su técnica y la vergüenza torera; logró por momentos arrancarle muy buenos muletazos al quinto del festejo, con el que extrajo hasta la última gota, y aunque pudo haberle cortado una oreja, ejecutar la suerte suprema no fue fácil y, por tanto, saludó con fuerza en el tercio.

VIGESIMOSEXTO 3

Sánchez Vara

Millorquito, de 514 kilos, fue el primero del festejo para el diestro Sánchez Vara, que estuvo breve con el capote, ante el toro que siempre echaba la cabeza arriba y que manseó en la suerte de varas; llegó a la muleta sin fondo y transmisión, siempre descompuesto, y terminó también en este último tercio con la cara arriba. Ante la poca raza del toro, el diestro tuvo momentos con oficio, pero sin llegar a más; fue silenciado, mientras que el toro fue pitado en el arrastre.

Cazarrata, de 503 kilos, segundo de su lote, fue un toro que desarrolló mucho sentido y que no quiso saber nada de las puyas; además, desde la salida pegaba arreones, embestía con fuerza y se iba prácticamente al pecho. Pasando sin picar, el pañuelo rojo se asomó del palco del presidente, y se colocaron las banderillas negras, tercio en el que apretó mucho, convirtiéndose en un momento de peligro por el sentido que mostró. En la muleta no atendió nunca, por lo que el torero abrevió y lo mató con habilidad; fue aplaudido, mientras que el toro fue pitado en el arrastre.

 

Alberto Aguilar

Mandarín, de 490 kilos, fue el primero del lote de Alberto Aguilar, quien estuvo discreto con el capote, y brindó su faena al respetable; probó de inicio por el derecho, encontró lo mejor por el izquierdo con una primera serie con muletazos con recorrido, en los que pudo alargar el trazo, remató con el pase de pecho. En la segunda serie, el toro tardó más, pero fue la solvencia y oficio de Alberto Aguilar se impusieron y terminaron por meterlo en vereda; consiguió más naturales de buena ejecución y lució mucho la muleta poderosa de Aguilar. Regresó por la senda derechista, pero aquí los muletazos no tuvieron eco ante el toro, que no mostró buen son, apostó por regresar a pitón izquierdo, cruzándose mucho y ligó una última serie ya de menos lucimiento. Falló con la espada, fue silenciado y escuchó un aviso.

Jabalinoso, de 525 kilos, fue un toro que se iba por dentro con peligro, al que le plantó cara Alberto Aguilar al inicio de su muleta, estuvo firme y sobrado, adelantó mucho el engaño y, sobre todo, aguantó; así surgieron muletazos de poder, con dos series correctas por el pitón derecho, extrajo en todo momento lo más que pudo. Pinchazo, estocada y un golpe de descabello tras su meritoria faena, en la que terminó por agradecer la ovación del respetable en el tercio.

 

José Carlos Venegas

Luvino, de 505 kilos, primero del lote de José Carlos Venegas, y tercero del festejo, fue un toro auténtico manso con peligro que llevó la cara alta, y que desarrollo sentido. Venegas evidenció el oficio al tratar de someter al de Saltillo, que buscó el refugio de las tablas y se negó a dar la pelea. El diestro estuvo con empeño y libró con solvencia el peligro en los últimos tramos de la esforzada labor; en la suerte de varas, el toro simplemente no humilló, fueron muchos los intentos por pasaportarlo, pero se volvió una labor titánica; sonaron los tres avisos y el toro se fue vivo a los corrales. La afición aplaudió y reconoció al torero.

Con el cierra plaza, Morisco, de 540 kilos, José Carlos Venegas, se topó con un toro deslucido, que salió suelto, complicado y siempre con la cara alta, y con la muleta se quedó corto; nunca mostró voluntad para embestir, aquí sí, de verdad, no hubo mayor opción. Errático con la espada, fue silenciado.


Los comentarios están cerrados.