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Ciudad del Vaticano.- “Cuando la medicina no podía hacer nada más, pedí a la Madre Teresa que curara a Marcilio”, contó Fernanda Nascimento Rocha, esposa del ingeniero brasileño que sanó de manera inexplicable de una mortal infección en el cerebro, y cuyo caso abrió el camino a los altares de la religiosa.

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Marcilio Haddad Andrino solo tiene palabras de agradecimiento por su “milagro”. A pocas horas de participar en la ceremonia de canonización de la Madre Teresa de Calcuta en el Vaticano, relató los detalles de su enfermedad y su milagrosa curación.

Junto a su esposa Fernanda, él estará presente en la Plaza de San Pedro el próximo domingo por la mañana en la misa durante la cual el Papa Francisco declarará oficialmente como santa a la fundadora de la congregación de las Hermanas de la Caridad.

“Yo le pedí que si era su voluntad lo curara y, si no, que lo tomara con su mano”, contó la mujer, durante un conmovedor encuentro con periodistas este viernes en la sala de prensa del Vaticano.

La historia de los dos comenzó en 2006 cuando se conocieron y se enamoraron. Fecharon su boda para septiembre de 2008, pero al inicio de ese año el novio comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y sufrir convulsiones.

Visitó numerosos médicos en San Pablo, pero ninguno le dio un diagnóstico, incluso después de realizarse varias resonancias. “Algo tiene, pero no sabemos qué”, le decían.

Marcilio intentó seguir su vida con normalidad, pero su salud siguió deteriorándose rápidamente. Los dolores de cabeza aparecían cada vez más seguido y eran más fuertes; para mediados de 2008 tenía prácticamente paralizado el lado izquierdo de su cuerpo.

Su entonces novia fue a rezar en la parroquia Nuestra Señora de Aparecida el 5 de septiembre, día de la fiesta de la Madre Teresa, y contó su situación al sacerdote, que esa mañana había celebrado una misa en la cercana casa de las Misioneras de la Caridad.

En esa visita las monjas le regalaron al sacerdote una reliquia de la Madre Teresa, así que el clérigo no dudo en dársela a la mujer desesperada, recomendándole pedir su intercesión. “Recen que ella les ayudará”, aseguró.

Haddad no mejoró en un primer momento y debió asistir a su boda en silla de ruedas ya que no podía caminar; su esposa lo llevó hasta el altar.

El 20 de octubre siguiente, tras una fuerte convulsión fue llevado al hospital de la ciudad de Santos y allí un médico joven acertó el diagnóstico: una infección en el cerebro con la presencia de cinco abscesos, heridas internas que causaban el dolor.

Por encontrarse en zonas de difícil acceso, las llagas fueron tratadas con antibióticos, pero la situación nunca mejoró. Al mismo tiempo se intensificaron los rezos a la Madre Teresa.

Pero, a inicios de diciembre, todo cambió repentinamente. El día 9 Marcilio despertó con un terrible dolor de cabeza y con una situación de extrema gravedad, el doctor le anunció que iba a ser operado al día siguiente, pero esa intervención nunca llegó a realizarse.

“Después de un tiempo me desperté, el médico estaba presente, le dije que estaba bien y sentía una gran paz, sin dolor de cabeza”, recordó el brasileño.

“Al otro día me volvió a preguntar: ¿No tiene dolor de cabeza? Le dije que no y me anunció que ya no tenía necesidad de ser operado”, contó el “miracolato”, como se le llama a en la jerga eclesiástica a quien ha recibido un milagro.

“Los líquidos internos ya estaban drenados, mi dolor de cabeza no estaba más. Las heridas habían desaparecido, solo estaban las cicatrices. Mi mujer rezó para pedir el milagro y lo consiguió”, afirmó.

Trece días después celebró una Navidad feliz con su familia y seis meses más tarde volvió al trabajo sin secuelas.

Pero las gracias no se detuvieron ahí, ya que por la cantidad de medicamentos ingeridos los doctores le habían anticipado que tenía menos del 1.0 por ciento de probabilidad de tener hijos.

No obstante, pocas semanas después Fernanda quedó embarazada y en 2012 el matrimonio tuvo un segundo hijo. “Lo consideramos una extensión del milagro, estamos muy agradecidos a Madre Teresa por esto también”, precisó Marcilio Haddad Andrino.

“Mi palabra principal es gratitud. Inmensa. Nunca me pregunté ¿por qué a mi? Dios es misericordioso y nos mira a todos, hoy fui yo, mañana otros, no me siento especial por esto”, apuntó.


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