Emilio
Emilio

El Festival Internacional de Poesía volvió a realizarse en las ciudades de Zacatecas y Jerez. Escritores varios, procedentes de diferentes lugares, concurrieron para leer su obra, conversar con los asistentes e invitar a nuevos colaboradores para sus publicaciones impresas y electrónicas. La Universidad Autónoma de Zacatecas es la institución sede, le auxilian el núcleo de la revista Dosfilos (con José de Jesús Sampedro como coordinador general) y el Área de Arte y Cultura de la UAZ.

El hecho cultural tiene una trayectoria de más de tres décadas. Es anterior y referente de los festivales gubernamentales; incluso uno de tales es copia innecesaria de la wordfest universitaria.

El programa del encuentro poético contempló un homenaje a David Ojeda, uno de los escritores y viejo amigo clave del Festival. Otros actos fueron la entrega de los premios, uno nacional por obra inédita (en esta ocasión fue para León Plascencia) y otro de índole internacional, de reconocimiento a quienes leen, traducen y estudian al poeta jerezano (este año fue otorgado a Emilio Coco).

Otro acto destacable fue la presentación del libro de poemas premiados en 2015. Allí, Javier Acosta, poeta y escritor, fue el primero en hablar en la presentación del libro Un hombre, una mujer y un mirlo de David Castañeda (Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2015). Acosta agradeció la invitación de Castañeda y luego felicitó a la Universidad y al rector por la publicación del libro. Sí, felicitó, porque la máxima casa de estudios de Zacatecas publicó un libro de poesía en estos meses de crisis financiera.

Un hombre, una mujer y un mirlo de David Castañeda es un poemario bueno (el premio, otorgado por Raúl Bañuelos, Jorge Orendáin y Óscar Tagle, lo avalan). La obra está trazada con eso que llaman algunos versificación libre, la prosa poética y un evidente tejido poético integrado con alusiones –del viejo Walt Whitman, Wallace Stevens, el jerezano López Velarde, Gilberto Owen–, creaciones fictivas y anotaciones del realismo poético. Cito: “Mientras pones orégano y sal a la sopa me acuerdas de que es hora de vestirnos. El calor de la estufa y el sol empañan los vidrios. Saco el gato. Sé que te molesta su mirada. Prendemos el ventilador y corremos desnudos por la sala como los viejos mitos. La casa huele a sal y a orégano (La ninfa y la sopa, p. 17)”.

 

Algo más

Roberto Galaviz (poeta y profesor del sistema educativo estatal) presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara la segunda edición de su poemario Formas de decir adiós. El libro marca trayectoria, porque aparece otra edición en menos de tres años, con el aliciente de que su circulación será en las redes nacionales del magisterio.


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