SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Ninguna nación ha sido arruinada por el comercio”

Benjamin Franklin

A casi 22 años de distancia algunos políticos de izquierda se dan cuenta de que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el TLCAN, ha sido benéfico para México. Un artículo de Andrés Becerril en Excélsior citaba ayer a Carlos Navarrete, ex dirigente del PRD: “Pensábamos en aquel tiempo que era lo peor […]. Cuando nos opusimos al TLC en el siglo pasado no calculamos lo que podía significar esto, y hoy, paradojas de la vida, la izquierda tiene que defender la vigencia del TLC”. Un Pablo Gómez más recalcitrante señalaba: “Estuvo mal administrado por el gobierno de México. Ese tratado debió haber sido mejor aprovechado”. Según Gómez, además del TLCAN debió haberse fortalecido el mercado interno y asegurado que no sólo los trabajadores del sector exportador tuvieran mejores sueldos, sino también los de salario mínimo. Pero Gómez ya no rechaza el TLCAN ni pide que nos unamos a Trump para abrogarlo.

Jorge Castañeda, quizá el opositor más vehemente del acuerdo cuando se negoció, no hizo ningún intento por eliminarlo cuando fue secretario de Relaciones Exteriores de 2000 a 2003. En 2014, sin embargo, publicó un artículo en Foreign Affairs en el que afirmaba: “Hoy, a 20 años de que entrara en vigor, tal vez algo en lo que todos estamos de acuerdos es que todos los bandos exageraron enormemente: el TLCAN no trajo los grandes beneficios que prometieron sus defensores, pero tampoco las terribles pérdidas que auguraban sus detractores. Todo lo demás es debatible”.

Ricardo Pascoe, vocero y secretario de Relaciones Exteriores del PRD en los años 90, quien se opuso también al tratado, escribió este 2016: “Hemos dado un paso en falso al proponer la revisión del TLCAN. Nos conflictúa con nuestros buenos socios de hoy y nos obliga a algo que no nos conviene como país en el futuro”.

Yo debatí con todos ellos en defensa del acuerdo. Nunca creí que produciría un milagro, pero sostuve que incrementaría el comercio y aumentaría las inversiones. El tiempo ha confirmado esta predicción.

El intercambio entre Estados Unidos y México aumentó de 81 mil 498.3 millones de dólares de 1993, con un superávit de mil 663.3 millones de dólares para la Unión Americana, a 532 mil 153 millones de dólares en 2015, con un superávit para México de 60 mil 662.8 millones (census.gov). México no sólo se ha beneficiado de un aumento de las exportaciones a Estados Unidos de 39 mil 917.5 millones de dólares en 1993 a 296 mil 407.9 millones en 2015, sino también de las importaciones, las cuales han permitido a los consumidores mexicanos comprar mejores productos a mejor precio.

La inversión extranjera directa también ha aumentado. En la década de 1980 se registraban cifras promedio de 2 mil millones de dólares anuales. Ya en vísperas de la entrada en vigor del TLCAN, en 1993, se logró un monto de 21 mil 511.1 millones de dólares. En 2014 la cifra fue de 53 mil 36.2 millones de dólares (cefp.gob.mx).

El TLCAN cumplió con su función. Aumentó el comercio y las exportaciones, así como la inversión extranjera directa. Ése era el propósito. Las zonas expuestas al libre comercio han tenido tasas altas de crecimiento, las que se resisten a la apertura se hunden cada vez más en la pobreza pese a los enormes subsidios que reciben.

El TLCAN es uno de los pocos instrumentos económicos que ha funcionado en nuestro país en los últimos 22 años. Su posible abrogación es la mayor amenaza que hoy pende sobre México.

 

Tragedia en ruedas

El secretario del ambiente, Rafael Pacchiano, se enorgullece de que sólo 48 por ciento de los autos en el valle de México recibe hoy holograma para circular todos los días contra 75 por ciento antes. Para las familias afectadas es una tragedia que las obliga a usar sus ahorros para comprar un nuevo auto.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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