SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Una cultura la hacen –o la destruyen– sus voces articuladas”

Ayn Rand

La preocupación por la salud de Rafael Tovar y de Teresa estaba presente por doquier. Este viernes pasado comí en el restaurante Villa Saverios de Tijuana donde me encontré con Pedro Ochoa, director del Cecut, el Centro Cultural Tijuana, quien de inmediato me expresó su preocupación por la salud del secretario de Cultura. Hasta ese momento lo único que sabíamos los dos es que estaba internado en el Hospital Central Militar. Falleció a las 4:40 de la madrugada de este sábado, 10 de diciembre.

Tovar y de Teresa era más que un simple funcionario del área cultural. Fue el principal forjador del sistema de cultura pública de nuestro país. Como director del INBA, presidente de Conaculta en dos ocasiones y primer secretario de Cultura, dejó una huella imborrable, pese a haber tenido sólo 62 años de edad en el momento de su muerte.

Hay buenas razones para cuestionar la existencia de un sistema gubernamental de cultura, que se traduce inevitablemente en la creación de burocracias y en el subsidio de las expresiones culturales de las élites. “La cultura oficial –decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano– exalta las virtudes del mono y del papagayo”.

El presupuesto de egresos para el sector en 2017 será de 12 mil 428 millones de pesos. Es una disminución sobre los 15 mil millones de 2016, pero aun así una enorme cantidad para un país con tantas carencias como el nuestro. Este dinero podría utilizarse de forma más provechosa para la sociedad. Sería más sano que los usuarios de las actividades culturales de élite pagaran sus costos o que obtuvieran aportaciones privadas como ocurre en Estados Unidos y otros países.

La experiencia me dice, sin embargo, que los contribuyentes usualmente apoyan el gasto cultural. Quizá la mayoría no aprovecha las actividades que se financian con estos recursos, pero el presupuesto de cultura se convierte en una especie de aspiración a mejorar, como la compra de enciclopedias para los hijos. Para los políticos, por otra parte, el gasto cultural es usualmente un intento por cooptar a intelectuales y creadores, quienes, sin embargo, suelen recibir el dinero y morder la mano que lo da.

A Tovar y de Teresa le tocó forjar el complicado sistema de burocracias y subsidios del mundo cultural mexicano. Lo hizo primero en el INBA y en Conaculta, pero también con la fundación de instituciones como el Centro Nacional de las Artes, el Sistema Nacional de Creadores y, a partir del 16 de diciembre de 2015, la Secretaría de Cultura. Este hombre no sólo tenía una cultura enciclopédica, lo cual resulta indispensable para ocupar la titularidad de la dependencia máxima de la cultura, sino que era un buen abogado (egresado de la UAM pese a sus antecedentes familiares aristocráticos) y excelente administrador. Era, además, un magnífico diplomático, y no me refiero a su eficaz trabajo en el servicio exterior, sino a su capacidad de negociar con los grandes egos del mundo cultural mexicano.

Hemos tenido buenos funcionarios en el área de cultura, como Víctor Flores Olea y Consuelo Sáizar, pero Tovar y de Teresa era alguien realmente hecho para ser secretario de Cultura. Hay en nuestro país sin duda personajes que podrán encabezar en el futuro esa Secretaría de Cultura que Rafael creó hace casi un año, pero quienquiera que ocupe el cargo tendrá que aguantar comparaciones con el autor de El último brindis de don Porfirio.

 

Vienen los rusos

La CIA ha declarado lo que ya se percibía: hackers rusos llevaron a cabo acciones para apoyar la candidatura de Donald Trump. El presidente electo ha reaccionado con furia ante el anuncio y quizá despedirá a los responsables de divulgar la información cuando llegue al poder. Pero la situación en Washington se está tensando.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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