Alberto Chiu
Alberto Chiu

Este cabalístico martes 13 las diputadas y diputados de la LXII (62) Legislatura se embarcarán, en medio de un chubasco de críticas, en la nave del Paquete Económico 2017, contrario al adagio popular que prohíbe en esta fecha casarse y embarcarse.

Según ha trascendido, ayer en reunión de comisiones le pusieron finalmente “palomita” a todos los rubros contenidos tanto en la ley de ingresos como en el Presupuesto de Egresos para el año entrante, sin moverle ni un centavo, y de acuerdo con las previsiones, este día en sesión del pleno de la Cámara votarán y aprobarán (seguramente por mayoría) las propuestas del Ejecutivo, entre las que están por supuesto algunas nuevas figuras impositivas, más recursos para la burocracia de los poderes, y una retahíla de buenos propósitos.

Mientras tanto, ayer se realizó en el vestíbulo del Palacio Legislativo un foro de análisis precisamente sobre el presupuesto del año que entra, y se incluyeron algunas disertaciones sobre el Plan Estatal de Desarrollo presentado recientemente por el gobierno estatal.

Hablaron sobre estos temas diversos académicos de la Universidad Autónoma de Zacatecas, y participaron legisladores de partidos de oposición. El objetivo tal vez era bueno y hasta necesario, pero lamentablemente me parece que fue hecho ya a destiempo, considerando incluso que había poco tiempo para hacerlo, y que se dispuso de los documentos con muy poco tiempo de anticipación.

Según opiniones de diversos analistas, lo que veremos a continuación será una nueva escenificación del poder que se ejerce desde el mayoriteo legislativo, y muy probablemente asistiremos como mudos espectadores a la aprobación (por esa misma vía) de un paquete económico que, desde su presentación, fue duramente cuestionado precisamente por la inclusión de nuevos impuestos y, claro, por la reestructuración de la deuda.

En manos de los legisladores estará ahora la definición sobre qué clase de camino transitaremos en los próximos meses y años, y no me queda claro en particular qué aportaciones habrán de hacer los legisladores de oposición, si es que tienen alguna reserva que presentar para modificar la propuesta del Ejecutivo.

Pero como lo he venido diciendo con anterioridad, a esta Legislatura –como a las anteriores– parece faltarle todavía suficiencia técnica y calidad moral para decidir sobre lo que la sociedad en general necesita, sobre todo en momentos de crisis como el que atraviesa la entidad.

Falta de empleo, poco desarrollo económico, carentes niveles de educación, de salud, etcétera, son todos estos factores en conjunto un reto formidable para la planeación de políticas públicas, ya no digamos desde las oficinas del gobernador Alejandro Tello, sino también para el análisis y guía de quienes se supone son los representantes del pueblo, y no sólo de los intereses político-partidistas de los grupos de poder.

Sería muy bueno y deseable que, por un momento, los diputados dejaran de pensar en la fecha “límite” del 15 de diciembre para aprobar el presupuesto, y sin importar que se vayan hasta las últimas horas de este año, en realidad se aplicasen a hacer coincidir el presupuesto del año que entra no sólo a las precarias condiciones actuales de la sociedad, sino también consideren las aciagas perspectivas económicas que especialistas nacionales e internacionales prevén para México en 2017, pues las consecuencias conjuntas pueden ser catastróficas si no se toman las decisiones correctas.

El esfuerzo hecho ayer por la oposición, para analizar al menos someramente la distribución de recursos y el allegamiento de los mismos, no debe quedarse en un foro de unas horas, sino que debe trascender para impactar directamente en la formulación de dicha distribución, incluso a pesar de lo que digan los partidos políticos. ¿Es mucho pedir? Parece que sí, lamentablemente.

Lo que tristemente parece importar más en este momento, es que ya se aseguraron una buena lana para el año que entra (más de la que pedían, dicen algunos con falsa incomodidad), y ahora se aprestan para irse de vacaciones cuanto antes. Como si hubieran dicho ya “misión cumplida”, y todos tan tranquilos.

 


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