Tomás Mojarro
Tomás Mojarro

Corriendo por mis venas – llama vivísima – no bien te miro, siento. – Y en mi inmensa delicia – a los dulces transportes – que siente el alma mía – la lengua a hablar no acierta – la voz juzgo perdida.

Yo, amador amante de mi amantísima, aquí me permito nombrar, saludar y entregar toda la solidaridad de que soy capaz a las mujeres que al parejo del indígena, la trabajadora doméstica y el ínválido, son forzadas por la discriminación a integrar un grupo aparte, el de las compañeras del lésbico amor. Estoy mirando la foto del matutino.

En ella dos sota-mozas garridas, las manos de esta en la cintura de esta otra, se repegan labio a labio y pecho a pechos, qué bien, pero lástima, porque ocurre que en nuestro país el derecho de los grupos de preferencia sexual distinta se mienta, pero no se respeta, y es por tan intolerable situación que algunas de las víctimas de la discriminación, concretamente las “disidentes sexuales”, eligieron una fecha, la de la entrada de la primavera, para tomar la calle y hacerse oír. Algunas de sus demandas: para empezar, creación de instancias legales contra delitos derivados de la discriminación sexual y que para ello se difunda el Art. 206 del Código Penal de esta ciudad, que así lo determina:

“De uno a tres de prisión, así como de cincuenta a doscientos días de salario mínimo, como multa, al que provoque o incite al odio o a la violencia, excluya a algún usuario, o niegue o restrinja los servicios a personas que se distingan por su orientación sexual”.

Amor, de tus transportes – librar quiero a mi alma: – En otro tiempo Athis – por ti sufrió mil ansias. (Safo.)

Y así siguen las exigencias de las sota-mozas del amor amoroso de las “parejas pares”: respeto a la diversidad sexual, no intolerancia, no dogmatismo ni cerrazón, o el país va a desbarrancarse en esa lóbrega zona que preludian las palabras de cierta psicóloga preparatoriana que frente a dos jovencitas alumnas que se demostraban amor, índice en alto clamaba:

¡Esas son una verdadera enfermedad!

Cuidado, mis valedores, mucho cuidado. No vayamos a caer en situación como la de Nigeria, de la que podemos tomar de ejemplo el de una cierta Safiya, en primer lugar: divorciada, al parir a su hijo estuvo a punto de sufrir una condena semejante a la de Amina, a quien el Tribunal Supremo de aquel país condenó, y esto apenas hace muy pocos ayeres, a una sentencia que le fue pospuesta, como “permiso de lactancia”, por un par de meses. Después, a Amira la enterrarían hasta el cuello para luego irla asesinando a pedradas, con piedras “que no sean tan chicas para que no le hagan daño, ni tan grandes que le provoquen la muerte demasiado pronto”. Bárbaro.

Feliz quien a tu lado – por ti solo suspira – y el hondo placer goza – de oír tu voz divina.

Safo, la autora, que trova a la bienamada, y a nadie escandalizaba en la vieja Grecia, cultura y refinamiento, como hoy, aquí, a las buenas conciencias. Vicios privados y virtudes públicas es condición de tartufos, esos del que fue gobierno blanquiazul, cuya brama moralista alzó pústulas en Querétaro, Guanajuato, Nuevo León, en fin, y entonces ándenle, a tarascadas, contra anuncios de ropa interior, minifaldas, escotes, “malas palabras” y hasta limosneros, “por el mal aspecto que dan a la vía pública”. Ah, esos providas, opusdeístas, Caballeros de Colón y paidófilos Legionarios de Cristo.

Asqueante. (¿O no?)


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