Armando Fuentes
Armando Fuentes

Unos recién casados llegaron al hotel donde pasarían su noche de bodas. El botones que los acompañó a su habitación se intrigó al oír que el novio decía una y otra vez: “PC”, en tanto que la novia contestaba: “No. PD”. Repetía él: “Te digo que PC”. “No –volvía a negar ella–. PD”. Ya que los dejó en el cuarto el botones le preguntó aparte al muchacho: “Perdone, joven. Si no es indiscreción ¿qué significa eso de ‘PC’ y ‘PD’?”. Explicó el novio: “Ella quiere que primero desempaquemos”. Babalucas no tenía reloj. Se consiguió una pistola y con ella asaltó una joyería. Amenazó al dueño: “¡El reloj o la vida!”. El hombre, tembloroso, le entregó uno y le dijo: “Es el mejor que tenemos. Cuesta 100 mil dólares”. El tonto roque vaciló: “¿No tiene algo más barato?”. Don Chinguetas fue a consultar a un médico, pues presentaba síntomas de agotamiento. Después de examinarlo el facultativo le informó: “Le tengo dos noticias: una mala y una buena. Ya no podrá hacer el amor con su esposa”. Preguntó don Chinguetas: “Y ¿cuál es la mala noticia?”. Conservador es el que tiene algo qué conservar. Ese algo no se traduce necesariamente en dinero o bienes materiales. Quien busca conservar las tradiciones también es conservador. Recuerdo el escándalo que se hizo cuando el obispo Méndez Arceo introdujo en Cuernavaca la misa con mariachi. A modo de protesta por lo que consideró gran sacrilegio un cierto señor abrió cerca de la catedral una cantina. En ella ponía canto gregoriano y música devocional que sus numerosos clientes, tradicionalistas como él, escuchaban con recogimiento religioso al tiempo que bebían una cerveza o un tequila. Decía el tal señor: “Si el obispo toca en su catedral música de cantina, yo toco en mi cantina música de catedral”. En la de Notre Dame hay un altar dedicado a la Virgen de Guadalupe mexicana. Cuando por primera vez lo vi París estaba en flor, y yo también: tenía 20 años y 20 mil sueños. Me emocionó ver que el altar de la Guadalupana estaba cubierto por un hermoso sarape de Saltillo. (Decir “hermoso sarape de Saltillo” es pleonasmo: si el sarape es de Saltillo se da por descontado que es hermoso). Ahora me entero de que en el templo al que dio vida Víctor Hugo se oyó el pasado día 12 la música vibrante de un mariachi que en Nuestra Señora de París le cantó Las Mañanitas a Nuestra Señora de México. Eso me emocionó también. Y mayor emoción me causó saber que en las sonoras voces del órgano catedralicio se oyeron las notas de la canción “Querida”, de Juan Gabriel. No faltará algún conservador que tome eso a desacato. Pero sucede que el compositor, a quien se puede dar ya el nombre de inmortal, dedicó esa canción a su madre, y la Virgen del Tepeyac es nuestra madre, la de los mexicanos que ponemos en ella nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Desde la bellísima ciudad de Saltillo envío mi felicitación a la bella ciudad de París por ese homenaje a la Morenita. En Las Vegas se ve de todo. Un cocodrilo abordó un taxi. Llevaba una lujosa maleta. El taxista le preguntó: “¿Pongo atrás su maleta, caballero?”. “Sí –respondió el cocodrilo–. Pero tenga cuidado. Es mi suegra”. Con motivo de la reciente elección presidencial en Estados Unidos se le aparecieron en sueños a Mónica Lewinsky los fantasmas de sus pasados extravíos. Soñó que dejaba este mundo terrenal y se veía a las puertas del Cielo. Salía San Pedro, y ella se arrodillaba para pedir que la admitiera. El portero celestial la veía así, de rodillas frente a él, y le decía con tono de reconvención: “¡Ay, muchacha! ¿Ya vas a empezar otra vez?”. FIN.

 

MIRADOR

La puerta de mi casa ve al oriente, y el sol entra por ella como Pedro por su casa.

La luz de la mañana da en el árbol de la Navidad y lo llena de rutilantes esplendores. En el piso y los techos se miran los reflejos de las esferas coloridas, de las antiguas figuras laminadas, de los foquillos que aun apagados parecen encendidos. Los techos y el piso se vuelven arcoíris que con su curva adorna el nacimiento al que no llega todavía el Niño Dios.

Días buenos son éstos que preceden a la Nochebuena. Yo los gozo como cuando era niño. Los años no me han quitado el sueño, y tampoco los sueños me han quitado. Me siento en el sillón a ver este prodigio, el del sol que pone su escenografía en mi sala y la ilumina con los colores de la Navidad. Por ellos se va todo negror y toda grisura se disipa. Si pudieras mirar mi corazón lo mirarías también lleno de luz. En él brilla ese sol que entra en mí como Pedro por su casa y me llena con su resplandor.

¡Hasta mañana!…

 

 

MANGANITAS

“. Una estrella de cine afirma ser muy casera.”.

Dice con mucha cachaza

y tono desenfadado:

“Siempre que me he divorciado

me he quedado con la casa”.


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