Alberto Chiu
Alberto Chiu

Se están cumpliendo, en esta primera quincena del mes de diciembre, 23 años de que el Centro Histórico de la ciudad capital de Zacatecas recibió, de la UNESCO, el nombramiento como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Habrá quienes recuerden el hecho histórico cada vez que pasan junto a una de las placas que todavía marcan algunos de los límites de dicho centro histórico, como las ubicadas en las avenidas López Velarde o  González Ortega.

Cito esos dos puntos en particular, porque me parece que son muy representativos del evidente cambio de fisonomía de la ciudad, de una cuadra a otra. El salto de una arquitectura colonial hacia una más moderna, se nota inmediatamente al pasar de Hidalgo hacia González Ortega, y lo mismo sucede cuando uno deja la avenida Guerrero y se sigue por López Velarde.

Desde hace 23 años, se ha tratado de preservar este polígono histórico del centro de la ciudad mediante prácticas y reglamentaciones que, lamentablemente en algunos casos, han resultado más contraproducentes o menos beneficiosas para la propia ciudad y sus habitantes, al grado de que en años recientes se hable de un casi total despoblamiento de sus edificios. Y claro, muchos de ellos pasaron de ser habitacionales a meros cascarones comerciales.

Pues bien, con motivo de la conmemoración de esos 23 años de ser Patrimonio Cultural de la Humanidad, se llevan a cabo aquí una serie de actividades que recuerdan y tratan de reforzar la identidad con la ciudad para fortalecer el sentimiento de pertenencia entre los capitalinos, y para que aprendamos mejor a cuidar esta joya que tenemos.

Sin embargo, aprovechando también esta misma celebración y remembranza, ¿no estaría bien que de una buena vez le entremos todos –pueblo y gobierno– a la discusión sobre cómo proteger este patrimonio sin entrar en conflicto con su posible modificación hacia lo moderno?

En muchas otras ciudades del mundo –que también están en la lista de ciudades patrimonio–, conviven lado a lado la modernidad y la historia antigua (que en nuestro caso ya casi llega al medio milenio), sin que la UNESCO le ponga peros, sino aprovechando precisamente esa convivencia entre ambos extremos a su favor, para convertirlas en polos de atracción turística interesantes para toda clase de visitantes.

Más aún, se antoja como momento oportuno para definir nuevamente la vocación que habrá de tener nuestro centro histórico –habitacional, comercial, o ambas–, así como para comenzar a planear lo que será absolutamente necesario modificar para lograr realizar esa vocación: la posible modificación del sistema de distribución de agua, la definición de un eficiente sistema de transporte público menos contaminante y más adecuado a nuestras calles, la modificación de vialidades y, por qué no, la decisión fundamental sobre si se debe hacer que el centro sea absolutamente peatonal, o si seguirán circulando los miles de vehículos que diariamente pasan por aquí.

Y no se trata de que ya mañana empecemos a ver circulando autobuses eléctricos, o todo el centro bloqueado a la circulación vehicular, o el piso levantado de diversas calles en el cambio de tuberías. No, se trata de iniciar un esfuerzo conjunto entre gobierno, sociedad, universitarios, especialistas, defensores del patrimonio, transportistas, locatarios y comerciantes del centro, vecinos del mismo… en fin, una iniciativa multidisciplinaria que conjunte todos los intereses y plantee una serie de opciones para poder discriminar y que entre los capitalinos podamos escoger lo mejor para todos y para la ciudad misma.

Lo único que en este aniversario de nuestro nombramiento como Patrimonio Mundial me queda retumbando como duda, es ¿quién tendrá los arrestos, la capacidad de liderazgo, la calidad moral, el tiempo y la voluntad personal y política para encabezar semejante empresa?

Y más aún, ¿quién será capaz de hacerlo sin anteponer por ejemplo el interés económico que obviamente saca tentación, sólo de pensar en la gran cantidad de obra pública que implicaría este esfuerzo? Se necesitan, pues, ciudadanos comprometidos, decididos, honestos y generosos, que seguramente los hay. ¿Quién se apunta?


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