Armando Fuentes
Armando Fuentes

Lord Feebledick regresó de la cacería de la zorra y sorprendió a su mujer, lady Loosebloomers, en trato de fornicación con Wellh Ung, el membrudo mancebo encargado de la cría de faisanes. Le dijo con iracundia a la mujer: “¡Mesalina! ¡Thais! ¡Friné! ¡Dalila! ¡Aspasia! ¡Jezabel! ¿Esto es lo que haces cuando estoy ausente?”. “No -replicó milady -. También tomo el té; cultivo rosas; hago labor de aguja; leo el Times.”. Un señor le confió a otro: “Mi hijo mayor me preocupa. Tiene 25 años y no fuma, no bebe, no anda con mujeres. Es trabajador y responsable”. El otro se asombró: “¿Y te preocupa que tu hijo tenga esas cualidades?”. “Sí –respondió el tipo–. Es tan distinto a mí que me hace pensar que yo no soy su verdadero padre”. La renuncia de Javier Guerrero al PRI es un valeroso acto de dignidad y coherencia personal que será reconocido y apreciado por la gente de bien. El diputado de Coahuila no sale de aquel PRI en el que durante muchos años militó al lado de priistas como Luis Donaldo Colosio, que procuraban hacer de la tarea política un factor de beneficio para México y los mexicanos. Deja de pertenecer al PRI que ha tendido un manto de protección, fincado en la impunidad y las complicidades, sobre el régimen que los coahuilenses llaman “moreirato”, el cual pretende perpetuarse mediante la imposición por parte del actual gobernador, Rubén Moreira, de un sucesor que le sea incondicional. El haberle dejado manos libres para el logro de su fin hace de la dirigencia nacional del PRI cómplice de ese régimen que valiéndose de procedimientos indebidos impulsa al alcalde de Torreón, Miguel Riquelme, quien obtendrá la candidatura priista sólo por su total entrega a Moreira. Éste busca instaurar un maximato que le permita tener en el Estado una fuente de poder y de recursos económicos para ulteriores planes políticos propios y de personas allegadas a él. En Coahuila, como dice Javier Guerrero, el PRI fue secuestrado por un grupúsculo que al igual que su jefe ha perdido totalmente el sentido del bien. Con actitud despótica el gobernador ha implantado un ambiente opresivo en el cual quienes disienten de su proyecto –tengo a honor contarme entre ellos– son objeto de insultos, de ilegal espionaje, de acoso en las redes sociales, de bajunos ataques en los medios que ha comprado. No es posible permitir, y menos aún apoyar, la continuidad de un régimen que así actúa para seguir detentando el poder otros seis años. Desde luego Javier Guerrero afrontará la persecución de ese sistema. La postura del lagunero es muy valiosa: se presenta ante los coahuilenses como una opción ética frente al inmoral intento de convertir a Coahuila en un feudo familiar o personal. Independientemente del resultado de la loable misión que se ha fijado, la decisión de Guerrero lo presenta como un hombre íntegro, un político honesto y un coahuilense y mexicano digno. Si por las actuales circunstancias ese camino se le cierra, otros se le abrirán muy pronto, más acordes con sus ideas y principios. Ahí podrá cumplir su vocación de servicio. Coincido con Carlos Rojas, quien ha dicho que lo mejor en la carrera política y en la vida personal de Javier Guerrero está todavía por venir. Don Martiriano llamó por teléfono a su casa. Le preguntó a su esposa, doña Jodoncia: “¿Cómo estás?”. “Muy bien –respondió ella–. Feliz, contenta, queriéndote mucho y deseando verte”. Después de una pausa dijo don Martiriano: “Perdón. Me equivoqué de número”. Llegó una linda chica a la tienda de la esquina y le pidió al dueño: “Me da una barra de pan, y si tiene huevos, una docena”. El abarrotero le gritó con voz fuerte a su ayudante: “¡Una docena de barras de pan!”. FIN.

 

MIRADOR

Se le acabó la vida a mi compadre Jesús de León Cepeda. Su muerte, con todo y haber sido tan sentida, fue una bendición. Quebrantos penosísimos del cuerpo lo tenían postrado. Ahora está en paz; ya no hay para él dolores ni aflicción.

Fue mi compadre Chuy un hombre bueno. Tenía raíz de campo; sabía de los trabajos de la tierra. Narraba con travieso ingenio los dichos y hechos de la gente de Arteaga, solar de sus ancestros. Ahí vivía, en la calle por la que pasa el agua de la acequia bajo los centenarios álamos.

Murió tranquilamente, rodeado de los suyos. Junto a él estuvo la ejemplar compañera de su vida, Martha, tan buena como él, tan señora de su casa. Estuvieron con él sus hijos y sus nietos, de los que tan orgulloso estaba. Estuvo toda su familia, gente de bien toda.

Se me van yendo los amigos buenos. Del cálido grupo de compadres tres se han adelantado ya. Con tristeza los hemos visto irse, pero los recordamos siempre con la esperanza que nace de la fe. Así recordaremos a mi compadre Chuy. Seguirán con nosotros su calidad de hombre de bien, su alegría campirana, su sencillez y su bondad.

¡Hasta mañana!…

 

 

MANGANITAS

“. El Abominable Hombre de las Nieves raptó a la esposa del explorador.”.

Dijo la señora, amable,

cuando reapareció:

“La verdad, ahora sé yo

que no es tan abominable”.


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