Tomás Mojarro
Tomás Mojarro

Le falta el carisma. Populismo.

Lejos de significar una tosca operación de manipulación política e ideológica, el populismo constituye una estrategia dotada de sentido para afrontar determinadas coyunturas históricas.

Tal asegura el investigador Ernesto Laclau, pero en México el populismo es piedra de escándalo que arroja el Sistema contra votantes ignorantes, timoratos y manipulados.

El discurso oficial apuesta a la democracia y rechaza el  populismo, ¿pero en qué consiste la democracia? ¿Qué es el populismo? En la retórica oficial “democracia” vino a su­plantar al vocablo “revolución, del que se usó y abusó hasta López Portillo. Por cuanto al populismo, he preguntado a Mayahuel Mojarro, licenciada y maestra en Filosofía Política, buena discípula de Bobbio, Villoro y tantos más:

-¿Esa democracia de que tanto se ha­bla en el discurso oficial?

-Nuestra democracia, contesta Mayahuel. ¿Podemos seguir fiándonos de un sistema de gobierno donde las desigualdades sociales son cada vez más agudas y donde la libertad sólo es liberad de decisión, mas no de realización de lo que se decide? ¿Qué sentido tiene esa “libertad”, cuando no se tienen posibilidades tácticas de ejercerla?

-¿Y del  populismo, tan satanizado, tan vivo y actual?

-No es intrínsecamen­te negativo. El Sistema de poder minimiza aquél conjunto de demandas sociales que no satisface, y que ni siquiera escucha; un Sistema insensible a las demandas de las masas sociales propicia el populismo, que no es una ideología, precisamente, sino una estrategia política que puede presentarse en toda clase de ideologías: liberalismo, socialismo, “democracia”. Aquí mismo, en nuestros pueblos al sur del Bravo, cuántos movimientos populistas no fueron la respuesta lógica a sistemas electorales controlados por dictadores y oligarquías. Fue así como han surgido los líderes de gran arrastre popular, de Perón a Hugo Chávez, y entre nosotros López Obrador, todos con sus características especiales, con sus formas de ser. Son esos los que conmueven multitudes.

El populismo, según sus analistas, no cabe en una sola definición. El populismo es el llamado de un líder a un pueblo contra los políticos y los intelectuales que lo traicionan. “Llamado al pueblo profundo contra los malos representantes: evocación de aquello que define y que une contra lo que divide y el olvido de lo esencial”. El populismo, según afirma A. Dorna, es mencionado por todos en todas partes, sin que de forma categórica logren ponerse de acuerdo a la hora de definir ese fenómeno que bajo diversas formas se presenta en países de aquí y de allá, como el México que en el 2 mil entronizó a Fox, afirmó la estudiosa. Mis valedores:

¿A qué se debe el regreso de un populismo que la democracia burguesa-liberal decía haber desterrado? A que los populistas carismáticos, leo en el análisis respectivo, representan la respuesta política a una situación de crisis institucional originada en el descrédito del aparato de gobierno y las instituciones del Estado, los partidos políticos y los procesos electorales, los poderes de la Unión; el modelo económico, en fin. “El populismo (A. Pessin) es un hecho colectivo, un saber social que no puede entenderse sin la dialéctica de lo consciente y del inconsciente colectivo (.) Toda manipulación del aparato simbólico global es de hecho decisiva en la renovación o la transformación de las relaciones sociales, lugar estratégico y táctico entre grupos rivales”.

Y que lejos de ser un rasgo de inmadurez propio de sociedades atrasadas, el populismo es una dimensión constante de la acción política que en mayor o menor grado está presente en todo discurso político. (Seguiré después.)


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