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Bogotá.- El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, deberá decidir si apoya la paz o la ultraderecha del expresidente Álvaro Uribe, y la propuesta de éste a la resistencia civil al pacto que terminó 52 años de guerra al Estado colombiano.

Estados Unidos es históricamente un aliado de Colombia en la lucha contra el narcotráfico y la insurgencia, pero la interrogante en este país es qué giro puede tomar esta relación con el ascenso del conservador Trump a la Casa Blanca.

Para entender el papel en los últimos 16 años de Estados Unidos en el conflicto colombiano, es necesario recordar que el Senado estadunidense aprobó el 22 de junio de 2000 un paquete económico a la lucha antidroga del gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002).

A partir de este momento empezó a tomar forma la estrategia conocida como Plan Colombia, cuya ejecución fue estimada en siete mil 500 millones de dólares, de los cuales Washington comprometió mil 300 millones.

La ayuda para Colombia aprobada durante la gestión del presidente Bill Clinton estuvo incluida en el paquete de 13 mil 400 millones de dólares para operaciones extranjeras, que cubrían gastos de asistencia militar en otras regiones como el Medio Oriente.

En esta misma legislación, la S-2522, se incluyeron 205 millones para financiar operaciones antinarcóticos en América Latina, de los cuales a Perú se destinaron 42 millones, Bolivia 120 millones y Ecuador 25 millones.

El Plan Colombia- desde sus inicios- registró una inversión de “nueve mil 600 millones de dólares. De cada 10 dólares, siete se invirtieron en el componente militar y tres fueron destinados a desarrollo económico y social”, según la Dirección Nacional de Planeación.

Esta iniciativa financiera y militar fue diseñada con base en varias estrategias para consolidar el poder del Estado, otorgar confianza en la capacidad operativa de sus organismos de seguridad, sistema judicial y superar la crisis de credibilidad por la alta corrupción.

Una de estas estrategias consistió en apoyar los diálogos de paz, que inició el gobierno de Pastrana con las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con base en la integridad territorial, la democracia y los derechos humanos.

De igual forma se apostó por el fortalecimiento del estado de derecho y la lucha contra el narcotráfico.

Inicialmente el Plan Colombia estuvo dirigido a la lucha contra el delito organizado, incluido el narcotráfico, los grupos armados ilegales, para proteger y promover los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario.

En enero de 2001 llegó a la Casa Blanca George W. Bush, quien dio un espaldarazo al Plan Colombia y logró en julio de 2002 la autorización del Congreso para que la ayuda antidrogas de Washington a Bogotá también se pueda usar contra los grupos armados de derecha e izquierda.

En los dos mandatos del republicano Bush, el componente militar fue el eje central del Plan Colombia para profundizar la guerra contra el narcotráfico y los movimientos insurgentes, como las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Los dos gobiernos de Uribe (2002-2010) se beneficiaron de este apoyo financiero y militar de la Casa Blanca, y fue gracias a este respaldo que las Fuerzas Militares de Colombia propinaron los mayores golpes estratégicos a las FARC desde que surgieron en 1964.

En el gobierno de Uribe y con el apoyo de la Casa Blanca, las FARC fueron debilitadas en el escenario militar, y se crearon las condiciones político-militares para llevar al grupo insurgente a una mesa de negociación en noviembre de 2012.

Este proceso culminó con éxito con la firma del Acuerdo Final de Paz, el pasado 24 de noviembre.

La llegada del demócrata Barack Obama convirtió a la Casa Blanca, y sus departamentos de Estado y de Defensa, en el principal aliado para los diálogos de paz con las FARC, que anunció en agosto de 2010 el nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.

El apoyo de Obama fue tan contundente que en el último año de las negociaciones designó a un representante para la observación de los diálogos de paz con las FARC, desarrollados en La Habana.

Con Obama y con Santos, el Plan Colombia, esencialmente diseñado para la guerra, tomó otro giro en función del posconflicto, y se empezó a denominar Paz Colombia.

El pasado 9 de diciembre, Colombia y Estados Unidos instalaron en Washington el Task Force, un mecanismo cuya función principal es la de facilitar la evolución de la relación bilateral en lo que corresponde al Plan Colombia y su transformación en Paz Colombia.

Entre los participantes en esta fuerza especial para la paz en Colombia estuvieron el centro de análisis Atlantic Council, el senador republicano Roy Blunt y el demócrata Ben Cardin, quienes formarán parte de la junta permanente de esta iniciativa.

Con este proyecto se busca robustecer el número de aliados de la relación colombo-estadunidense con miembros de ambos gobiernos, del sector privado, de la sociedad civil y de la nueva administración a posesionarse en enero próximo.

A la vez, servirá como centro para el desarrollo de recomendaciones y diseño de oportunidades de cooperación que beneficien a ambas naciones.

La gran interrogante es qué tan comprometido con la paz de Colombia podrá estar Trump, más cercano en términos ideológicos y políticos al exmandatario Álvaro Uribe, líder de la derecha que se opone férreamente a la implementación del Acuerdo Final de Paz con las FARC.


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