ALEJANDRO LÓPEZ/NTRZACATECAS.COM
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En el año de 1974 nació en el seno de una familia zacatecana de la comunidad San Carlos, Guadalupe, la devoción al Santo Niño de las Palomitas; creencia que creció tanto que la efigie tuvo que ser trasladada al antiguo aeródromo, donde hoy se encuentra la Universidad Tecnológica del Estado de Zacatecas (UTEZ).

Desde hace 21 años, el Niño de las Palomitas llegó a Tacoaleche, donde se le edificó un templo para ser venerado por todos sus fieles creyentes, de todo el país y al que acuden diariamente cientos de personas, en peregrinación o en familia, a agradecer los favores y milagros recibidos.

Cada 7 de enero, de acuerdo a la tradición popular, se celebra al Santo Niño de las Palomitas, fiesta a la que acuden miles de personas llegan a postrarse ante el altar y adorar a la imagen.

Josefina Castillo, originaria de Salinas de Hidalgo, San Luis Potosí, y fiel creyente, acude acompañada de su familia para dar gracias al Santo Niño de las Palomitas, de quien ha recibido milagros y favores.

La señora Josefina no contuvo el llanto al compartir que, gracias a al niño Jesús, su esposo se recuperó de un accidente y uno de sus hijos sanó de una grave enfermedad.

Agregó que, mientras Dios le preste vida y salud, acudirá cada año a venerarlo y darle las gracias por tan infinita misericordia hacia los suyos.

Este año el santuario recibió más de 10 mil visitas, según lo informó Alejandro Escobedo, coordinador del santuario, quien para las celebraciones eucarísticas preparó más de 9 mil, que se entregaron durante la misa de las 13 horas, oficiada por el obispo Sigifredo Noriega Barceló.

Durante el día se vive una gran fiesta amenizada por danzas, que este año participaron de Salinas, San Luis Potosí, Rancho Grande, Fresnillo y de Torreón, Coahuila, entre otras.

La Banda de Música de Tacoaleche también tuvo su participación durante la misa, al igual que diferentes tamborazos de región para cantarle Las Mañanitas a la efigie, y amenizar la tarde de los peregrinos que disfrutaron de la tradicional reliquia, donada por personas de Villanueva, Concepción del Oro, Tacoaleche y Salinas de Hidalgo.

Como cada año, los peregrinos de Tultepec, Estado de México, son los encargados de vestir con arreglos florales y globos el santuario, al igual que de los fuegos artificiales; sin embargo, debido a la tragedia suscitada, en esta ocasión el festejo no vivió el famoso “Castillo de pólvora”.

Sin embargo, los feligreses que asistieron llevaron material pirotécnico que, en punto de las 20 horas, todos los asistentes vieron como iluminaba el cielo.

Para finalizar, los peregrinos de Tultepec cenaron en el interior de un salón ubicado en el santuario, para luego subir al autobús que los llevaría de regreso, llenos de fe, a casa.


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