Emilio
Emilio

La librería La Azotea cerró su labor. La empresa tuvo su domicilio en la avenida San Marcos, próxima a las vías del ferrocarril y la funeraria con edificio mastodóntico. En el lugar se expendían los catálogos de las editoriales universitarias de San Luis, Veracruz, Ciudad de México, Durango y algunos arriesgados libros de autores residentes en Zacatecas.

El dueño de la empresa fue el escritor Uriel Martínez (Tepetongo, 1950). Él es un poeta que alimenta los blog Los Lavaderos y Mi saliva toda locura y la página en Facebook La Azotea, donde promete la venta de libros por cambaceo y promociones bibliográficas.

Martínez se presenta en los blog así: “Acostumbro hacer siesta sobre todo en temporada invernal, en tiempo lluvioso y también en verano. Amo la literatura, el buen cine, la buena música y atender a mis mascotas”.

El cierre de la librería hace que cuestionemos el estado de la lectura y el comercio de libros, ambos tópicos del campo de la cultura y por supuesto del mercado. Por qué cerró la empresa, sin duda es por la escasez de compradores. Los libros son una mercancía.

Cierto es que no dejamos de leer. Somos lectores permanentes. Pero las mudanzas en los soportes –del papel al internet–, los precios de los impresos y la precaria cultura bibliográfica rodean al libro para situarlo como una mercancía cuya adquisición requiere de ser valorada. Y asentemos: los libros son objetos caros. El cierre de la librería La Azotea es un testimonio de que la economía de la cultura no va bien en Zacatecas.

 

Algo más

El pasado viernes murió el escritor argentino Ricardo Piglia. La entrada del obituario en el diario Clarín (sábado, enero 7 de 2017) dice: “Dio clases en universidades de élite y en la televisión pública, escribió novelas fundamentales y leyó con audacia la literatura argentina. Murió tras una cruel enfermedad.” Su obra de ficción, ensayo y crítica literaria tiene el reconocimiento de lectores y académicos en el orbe occidental. Destaquemos: fue un escritor de izquierdas que enfrentó a las dictaduras argentinas de la décadas de 1970 y 1980.


Los comentarios están cerrados.