RAFAEL CALZADA VÁZQUEZ
RAFAEL CALZADA VÁZQUEZ

Hemos escuchado muchas veces que los migrantes nos vamos a Estados Unidos en busca del sueño americano.

Ello implica, entre otras cosas:

  1. La búsqueda y consecución de trabajo, que es la primera puerta de la felicidad, porque la educación, salud, vivienda, sostenimiento y desarrollo de la familia dependen de esta primera puerta y es la llave de la segunda puerta de la felicidad en los Estados Unidos; el crédito.
  2. El sueño americano es el de la búsqueda de la felicidad, así, en abstracto. Lo que implica en concreto ser dueño de tu fuerza de trabajo, ponerla al servicio del patrón y obtener con ello una buena troca, una casa digna, ropa y acceso a las diversiones; ya sean deportivas, espectáculos, casinos, viajes y otros.
  3. El sueño americano es también, para muchísimos mexicanos migrantes, la búsqueda de la seguridad, llegar a un lugar donde la ley y el orden son un mecanismo de convivencia que garantiza el ejercicio de derechos y de libertades. Con lo que se obtiene una gran tranquilidad.
  4. El sueño americano es obtener un pedacito de cielo Tener tierra, casa, oportunidades de trabajar y vivir con un aceptable nivel económico al regreso al país, que es el último deseo de los mexicanos en Estados Unidos.

Los mexicanos, entre tanto, soñamos un régimen diferente: El de la democracia y la justicia social.

Lo primero implica la participación de los ciudadanos en los problemas comunes y un gobierno del pueblo, en nombre y representación del pueblo y para el pueblo. Ello ha sido un engaño en muchas ocasiones, excepto cuando los poderosos nos dejan algunos espacios que a ellos no les interesan, o como en Zacatecas, cuando nos prestan por un tiempo el gobierno, para mantener en paz la gallera.

Lo cierto es que en ese engaño nos hemos criado, desarrollado y madurado muchas generaciones.

Le ponen apellidos (adjetivos les dicen): una democracia perfectible, una democracia dirigida, una democracia simulada, una democracia a la mexicana, una democracia con un partido hegemónico, una democracia en maduración o simplemente la dictadura perfecta, porque nos da la apariencia de democracia.

Para llegar a la democracia sin adjetivos, en México tenemos que superar el actual estado de cosas, donde los partidos políticos sean sólo vehículos para llevar a los ciudadanos dignos a los cargos de elección popular y no feudos donde los señores feudales sean quienes impongan su voluntad y controlen el destino de los mexicanos. Los dirigentes de los partidos cada día están más lejos de la militancia y de la ciudadanía, se representan solos. Muchos de nuestros representantes populares no conseguirían ni el voto de sus familias, a las que igual que al pueblo tienen agraviadas por sus indecencias.

Por otro lado una justicia social, que en el PAN se viste de bien común y en el PRD de patria para todos. Una justicia que llega a cuenta gotas, con programas que son un paliativo o un mecanismo de compensación ante la apertura de la economía mexicana a lo que se conoce simplemente como crecimiento absoluto, que se dedica a atender el mercado internacional, en contraposición al esquema de crecimiento relativo, que se dedicó en México a satisfacer al mercado interno.

En México, el crecimiento relativo se puso en práctica durante el desarrollo estabilizador que promovieron de manera sobresaliente Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos.

En tanto que el crecimiento absoluto, como modelo de desarrollo, se puso en práctica desde Salinas a la fecha. Ello ha traído como consecuencia un deterioro, año tras año, en los ingresos de las familias, incremento en los indicadores de pobreza y pobreza extrema –con este eufemismo se le llama ahora a la miseria.

La educación sufrió una transformación para seguir la nueva moda en el mundo, la educación técnica, tecnológica, la enseñanza de saberes prácticos y la certificación de las competencias.

“¿Para que formar poetas y filósofos?”, dice el rector del Instituto de Graduados en Administración, esos ya los forma la UAZ.

Luego vinieron las privatizaciones de todo, y están en capilla las de educación, salud y recursos naturales todos.

La salud se iniciará con la eliminación de tratamientos caros en los hospitales de seguridad social y luego con fondos capitalizables que se irán a pagar la clínica que se escoja como los seguros privados. Igual que son las operaciones de los ojos y los arreglos en la dentadura.

El sueño nuestro es alcanzar una nación de oportunidades, de justicia, de prosperidad, de paz, de igualdad de democracia. Un peso de tú a tú con el dólar.

Es de forma una aspiración cada día más lejana y DE FONDO un sueño guajiro.

 

El autor es estudiante, abogado, maestro en ciencias y académico.


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