Tomás Mojarro
Tomás Mojarro

Ni los veo, ni los oigo, ni lo siento, y con táctica semejante háganle como quieran.

Salinas aludía a las masas que en su lucha contra las rigurosas medidas del sistema gubernamental, a modo de respuesta sólo conocen la obsoleta de la marcha, el plantón y el bloqueo de carreteras. ¿De su eficacia qué afirma la historia?

El individuo es único, irrepetible e impredecible. Rebelde a la mediocridad, rehúsa la vocación del esclavo que de cada nuevo amo espera, con irracional esperanza, dos metros más de cadena. El individuo no. Carácter, inteligencia, temple, personalidad, es varón de ideales capaz de crear, de avanzar solo, a acierto y error, por caminos que abre al andar, Pero cuando el individuo, exasperado por las tropelías y las desmesuras del Sistema, decide despojarse de su individualidad e integrarse a la masa.

Es entonces cuando desciende varios peldaños en la escala de la ruta civilizatoria, porque su alma individual se diluye y es anulada por el alma colectiva; porque los pensamientos del individuo se tornan los pensamientos de la multitud con todo y sus reacciones tornadizas, impulsivas e irreflexivas. Ya integrado a la masa, lo afirma Freud, el individuo se torna bárbaro y es contagiado por la espontaneidad, la violencia, la ferocidad, el entusiasmo y el heroísmo de los seres primitivos. Su actividad intelectual se amengua y se contagia de necedad. El analista:

En cuanto el individuo se metamorfosea dentro de la masa lo heterogéneo se convierte en lo homogéneo. Dentro de una multitud todo sentimiento y toda acción son contagiosos. Ya en su nueva calidad de “masa”, el individuo sacrifica fácilmente su interés personal al interés colectivo. Pierde su personalidad consciente y sólo obedece a las sugestiones del individuo al que la masa buscó para acatar su liderazgo de manera visceral, irracional. Ese es su santón, su mesías, su iluminado, y esto porque la multitud es simplista y procede con la psicología del niño, y como él vive dando preferencia a lo fantástico sobre lo real, y quiere ser sometida por la fuerza y la violencia; necesita ser dominada, subyugada, tener y mantener a su amo, uno carismático. Ahí el éxito del caudillo, de los fascismos, de los falsos profetas, los Norberto Rivera y Cía.

Cuando las pasiones más primitivas, exacerbadas hasta el paroxismo, se congregan en multitud, la masa se vuelve versátil e impulsiva; guiada sólo por lo inconsciente y visceral, obedece a impulsos del más vario valor moral; se tornan nobles o bajos, valientes o cobardes, según. “Una muchedumbre de cobardes es una muchedumbre valiente”, el analista: y que integrada por individuos tímidos o cobardes, la multitud es capaz de realizar las acciones más altivas o más reprobables, porque pensamientos y actos del individuo son los de la multitud, pero una multitud que no sabe pensar por cuenta propia, de modo tal que es fácil llevarla ejecutar acciones contrarias a su propio interés y hasta a su instinto de conservación. Porque a las multitudes, crédulas como son, les impresionan las palabras de gran afecto, y entonces el vociferante clamor: “¡AMLO, Chicharito, Juan Pablo II! Y la vociferación fácilmente se desbarranca en el linchamiento. “¡A desgarrarlos vivos! ¡Mátenlos! ¡Quémenlos vivos!”

El idealista es distinto; ése camina en sentido contrario al de las masas que frente al abominable gasolinazo se avocan a la toma de calles y carreteras. ¿Los autores del gasolinazo, entretanto? Esos, a unos ciudadanos encrespados: “ni los veo, ni los…” (Uf.)


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