JENNY GONZÁLEZ ARENAS
JENNY GONZÁLEZ ARENAS

Parece broma, pero no lo es. Aunque el título pudiera sonar sarcástico o una provocación, es sólo específico, pudiéramos hablar en general del derecho humano al desarrollo, lo que traería consigo el acceso a todos aquellos medios que permitan que la persona pueda acceder al desarrollo, mejorando sus condiciones de vida.

La gasolina, como cualquier otro combustible, es necesaria para la mejora en la calidad de vida, no sólo porque nos permite trasladarnos en nuestros vehículos de un lugar a otro, que parece lo único que le preocupa a la clase política, sino porque permite que se trasladen mercancías de un lugar a otro; que el transporte público traslade a aquellas personas que no tienen vehículo a sus lugares de trabajo, que la industria opere maquinaria para la elaboración de las mercancías.

Un sin fin de actividades económicas dependen directa o indirectamente del consumo de gasolina y/o diésel, desafortunadamente, la clase política ha afirmado que el incremento de la gasolina sólo afecta a la clase media que tiene carro.

Derivado del incremento al precio de los combustibles se creará una reacción en cadena, en donde todas las mercancías necesarias para la subsistencia incrementarán sus precios, no se necesita ser muy inteligente para darnos cuenta de que si el costo de producción se incrementa, el precio final de los productos también se incrementará, y tampoco se requiere ser un genio para darnos cuenta que en el momento en que las mercancías comiencen a subir sus precios, el poder adquisitivo de los mexicanos se verá disminuido, generando con ello un perjuicio directo en el nivel de vida, vulnerando con ello el derecho al desarrollo de los mexicanos.

Para lo que sí necesitamos ser un genio, es para entender cual es la lógica de la clase política para emprender esta violación sistemática y generalizada a los derechos humanos de los mexicanos, porque el incremento en los impuestos, con un impacto directo negativo en la totalidad de las actividades económicas de un país, sin un programa integral de austeridad o de saneamiento de las finanzas públicas, no es una medida favorable y mucho menos adecuada para mejorar las condiciones de vida y desarrollo de la población.

El gobierno pretende hacernos creer que no incrementar el precio de la gasolina hubiera tenido como consecuencia el cierre de escuelas y hospitales, pero no nos explican cuántos hospitales o escuelas se construirán y funcionarán, derivado de este incremento.

Los mexicanos no tenemos claro el destino de los recursos que se obtendrán por el incremento, tampoco nos han explicado cómo es que la economía se sigue desplomando a pesar del incremento en la gasolina, y cómo es que el efecto dominó, en el que sube la luz, el agua, el gas y todos los productos será benéfico para la economía mexicana.

El pueblo mexicano que se ha acostumbrado a vivir en constante inseguridad y violencia, derivado de las malas decisiones del gobierno en materia de seguridad pública, ahora también tiene que irse acostumbrando a vivir en la pobreza y marginación por las malas decisiones del gobierno en materia económica.

Que bueno sería que la protesta social y pacífica sea escuchada por las autoridades. Lamentablemente, la clase política esta muy acostumbrada a vivir ciega y sorda al reclamo social, pero en la opulencia que se financian con los impuestos que toda la ciudadanía pagamos.


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