SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“No existe el dinero público: sólo hay dinero de los contribuyentes”

Margaret Thatcher

 

Los Toyota Prius son un ejemplo de tecnología automotriz. Como otros híbridos, tienen dos motores, uno eléctrico y otro de gasolina, lo que les da un rendimiento en ciudad de 21.7 kilómetros por litro de gasolina (ecovehiculos.gob.mx). Nuestros legisladores, sin embargo, prefieren las grandes camionetas, particularmente las Suburban, que pueden o no ser seguidas por autos más pequeños con escoltas. El rendimiento de una Suburban es de 7.86 kilómetros por litro.

Los autos híbridos se han convertido en símbolos de conciencia ecológica, y para los legisladores es muy importante mostrar esta conciencia. Por eso en el Día Mundial sin Auto, el 22 de septiembre, varios senadores se presentaron a trabajar en bicicleta seguidos de una nube de fotógrafos, y por eso también, el 14 de julio, la Cámara de Diputados anunció el arrendamiento de 80 Prius a un costo de 29.8 millones de pesos por dos años.

El problema es que, aunque los Prius sean eficientes, son pequeños y los diputados no caben en ellos, por lo menos no con todo y su ego. Por otra parte, los legisladores no tienen problema para pagar los altos precios de la gasolina. La verdad es que muchos diputados simplemente no saben qué hacer con los Prius. Siguen usando sus Suburban.

El periódico Reforma encontró que 20 de esos 80 Prius están arrumbados y empolvados en los estacionamientos de San Lázaro (si no los quitaron ayer). Sería un buen ejercicio seguir a los demás para ver dónde están o quién los está usando. No me ha tocado, hasta ahora, ver a ningún diputado manejando un Prius.

Gastar 29.8 millones de pesos en dos años para alquilar unos vehículos que no se necesitan, quizá no representa gran cosa en el presupuesto de 15 mil millones de pesos anuales del Congreso de la Unión. Pero éste es un ejemplo, entre muchos, de cómo los diputados y los senadores desperdician el dinero de los contribuyentes, pese a que constantemente nos dicen en sus spots de radio y televisión que se comportan con honestidad y eficacia.

El gasto en las cámaras de diputados y senadores no es pequeño. Los 15 mil 100 millones de pesos presupuestados para 2017 son muy superiores a los 1,800 millones de la presidencia de la República, los 7,700 de Relaciones Exteriores, los 9,500 millones de Economía o los 3,500 millones de Turismo. Desde que yo recuerdo, y ya no soy tan joven, los legisladores afirman que están aplicando medidas de austeridad.

Mucho del gasto que hace el Congreso, supongo, debe ser correcto. La institución necesita, por ejemplo, contar con equipos de investigadores que determinen las posibles consecuencias de las leyes. Con mucha frecuencia; sin embargo, nos damos cuenta de que los legisladores aprueban leyes sin entender o sin querer comprender las consecuencias. ¿Se acuerda usted, por ejemplo, que se justificó el impuesto especial a los refrescos y a las golosinas diciendo que bajaría el sobrepeso de los mexicanos? Todavía estamos esperando. En el caso de los Prius no se necesitaba mucha investigación para saber que los diputados no cambiarían sus Suburban sólo porque les regalaran vehículos híbridos.

Lo que sí ocurre siempre es que los contribuyentes terminamos pagando. Pagamos los impuestos que inventan los legisladores y pagamos también los gastos que realizan. El problema no es el costo de alquilar autos eficientes sólo para dejarlos estacionados todo el tiempo. Los Prius son el síntoma de un problema mucho más profundo.

 

Reforma laboral

A pesar del poco crecimiento económico, México tuvo, en 2017, su mayor creación de empleo formal en un mes de enero desde 2008 con 83 mil puestos. En el cuarto trimestre de 2016 registró también la menor desocupación abierta, con 3.65 por ciento, desde el tercer trimestre de 2007. Quizá la reforma laboral no fue tan mala.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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