Alberto Chiu
Alberto Chiu

Cerramos esta semana en Zacatecas con un recuento de hechos lamentables, lamentabilísimos, que nuevamente nos ponen en el candelero nacional por suceder en zonas habitacionales y porque, aunque se insiste en que no hay víctimas inocentes qué lamentar, siguen dando muestra de que no existe un control real de la situación.

El número de muertos en hechos violentos, directamente relacionados con la delincuencia organizada, sigue creciendo y si el mes de enero marcó un máximo histórico de los últimos años, apenas cruzando la mitad de febrero no se cantan mal las rancheras… y eso genera preocupación entre la población.

Diversos reportes confirmados de ráfagas de disparos contra negocios en la capital y en Guadalupe, en tempranas horas de la noche de ayer, pusieron en alerta a cientos de vecinos de las colonias cercanas al mercado de abastos de la capital, y de la céntrica calle Guerrero en Guadalupe, además de otros reportes en varias colonias más de Zacatecas. Que nos digan que no hay de qué preocuparnos, ya no es posible.

En un hecho ocurrido en Trancoso, nos enteramos de que encontraron muerto al subdirector de la policía municipal de Loreto, en circunstancias que no fueron aclaradas por la autoridad, y en medio de trascendidos de que llevaba varios días desaparecido.

Con tristeza, vuelve a crecer la percepción de que el gobierno (en cualquiera de sus niveles) no puede hacer nada –o no sabemos si pueda o no, o qué hace– para parar esta oleada de ataques que, querámoslo o no, provocan miedo tangible. No se puede tapar el sol con un dedo, ni con las dos manos.

El reconocimiento por parte del procurador de Justicia de que hay reportados por lo menos diez secuestros, y que se desconoce la cifra negra de incidencia de estos delitos, también da mucho de qué pensar, y mucho más de qué preocuparnos… y si la autoridad está aparentemente atada de manos por la falta de personal, de equipos, de vigilancia, de datos de inteligencia, de estrategias… ¿qué nos queda a los ciudadanos esperar?

Sin duda, hay que fortalecer entre nosotros también la cultura de la denuncia temprana y oportuna; el incrementar las medidas de cuidado de nuestros familiares en todo tiempo y lugar; saber dónde y con quiénes están nuestros hijos, hermanos, amigos; y por supuesto, estar permanentemente informados y atentos a los llamados de alerta de la autoridad, hay que decirlo, pero… ¿quién debe informarnos sobre estos asuntos, para prevenirnos nosotros?

Dentro de la estrategia de comunicación del gobierno estatal sobre los asuntos de seguridad, me parece, debe generarse una nueva forma de hacer llegar esta información a toda la población, con el claro objetivo no de asustar o de generar pánico, sino un fin explícito de protección de los ciudadanos, al mismo tiempo que para evitar que se divulguen erróneamente imprecisiones, especulaciones. Nada mejor que la transparencia, han dicho, así que ojalá transparenten también estas informaciones.

Debe haber un punto medio entre el proporcionar información suficiente para la protección de los civiles, y que al mismo tiempo no exponga al fracaso los casos judiciales que se deriven de los hechos delictivos, pues casi siempre se pone de pretexto el no entorpecer las investigaciones, para no dar información que resulte útil a la población.

Para ello, sería necesario que todo el aparato de seguridad pública, que se reúne en el Grupo de Coordinación Local, aceptara que en estos municipios es urgente tomar medidas más contundentes de apoyo a la población. Y si es necesario pedir ayuda a la Federación, hacerlo lo antes posible, antes de que las cifras del dolor y del miedo sigan creciendo entre nosotros. Fue una de sus principales promesas de campaña, y es ya tiempo de cumplirla, no de darnos más respuestas de que “no hay inseguridad, sino violencia”. Eso ya no lo cree nadie.


Nuestros lectores comentan

  1. PRESTIGIADO ACADÉMICO

    Ya habíamos comentado anteriormente que en Loreto y en Ojocaliente, las cosas están mas difíciles que en el propio fresnillo.

  2. La violencia y la inseguridad van de la mano, son un binomio indisoluble. La existencia de ésta de por sí ya es malo. Pero es peor que la autoridad, primer y principal garante de este elemental derecho humano y social que es la seguridad, sea la primera que no sabe ni qué hacer ni cómo actuar y lo único en que se escuda es en evadir, rodear y negar lo que para toda la sociedad es por demás evidente… Vivimos en un estado de derecho sin derecho ni quien lo haga valer, pues sólo existe en el papel…. Lamentable pero cierto.

  3. Lo que estamos viendo dia a dia, es la incapacidad de nuestras autoridades para proteger a la ciudadania, lo cual es su obligaciòn primordial, pero lo mas grave es ver la absoluta falta de responsabilidad al intentar ocultar con sus falaces discursos la realidad que està viviendo nuestra comunidad.