SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Es mucho más fácil sugerir soluciones cuando no sabes mucho acerca del problema”

Malcolm Forbes

Es uno de esos problemas que se prestan a soluciones fáciles. Los precios de la gasolina han subido y estamos importando 60 por ciento del producto. ¿Solución? Para un político es muy sencillo: construir una nueva refinería.

“Todo el petróleo que se extraiga de Tabasco, esos 330 mil barriles, van a procesarse en una nueva refinería que vamos a construir en Dos Bocas, para producir en Tabasco las gasolinas”, dijo en Tabasco Andrés Manuel López Obrador. “Vamos a producir en nuestro estado las gasolinas y vamos bajar los precios de los combustibles”.

Lo que más preocupa no es que la construcción de refinerías pueda ser la decisión equivocada para un problema mal diagnosticado, sino que López Obrador está cayendo en el peor de los pecados de los políticos populistas: tomar decisiones económicas o empresariales sin considerar la opinión de los especialistas.

Quienes trabajan en la industria petrolera señalan que la refinación es un negocio de margen escaso que contrasta con el petróleo crudo. Según un ejecutivo de Pemex, la refinación representa en general menos de 4 por ciento del precio final de la gasolina, mientras que el costo del crudo rebasa 50 por ciento.

Los costos de producción de petróleo de Pemex son inferiores a los 10 dólares por barril. El precio de venta superaba la semana pasada los 45 dólares. Es un gran negocio. El negocio de refinación en norteamérica, sin embargo, ha estado sometido a una muy intensa competencia. Los márgenes han sido pequeños o inexistentes, pero con grandes fluctuaciones. Por eso no se ha construido ninguna refinería importante en la región en los últimos 40 años. Cuando Felipe Calderón anunció que se construiría una nueva refinería en Tula, reconoció que no sería rentable, pero afirmó que era una medida política para reducir la dependencia de México de las importaciones estadounidenses.

Hoy Andrés Manuel dice que construirá una refinería en Tabasco. En el pasado había prometido cinco en el país. El político no ha mostrado ningún estudio que demuestre que los especialistas están equivocados y que ha llegado el momento de construir nuevas refinerías. Simplemente está anunciando una decisión política. Mucho daño han hecho estas decisiones en el pasado. Deberían ser los especialistas en Pemex y las empresas privadas quienes decidan si se debe invertir en nuevas refinerías. Los políticos deben ser humildes y escuchar en lugar de imponer posiciones dogmáticas.

La producción de petrolíferos ha venido cayendo en México desde hace años. La de gasolinas descendió 14.7 por ciento en 2016 (Reforma). Esto es en buena medida producto de la falta de inversión en las refinerías ya existentes y también de un problema serio de falta de insumos y, en particular, de hidrógeno. La solución no radica en construir nuevas refinerías, sino en realizar un mejor mantenimiento de las existentes, en aumentar la eficiencia y en obtener fuentes adicionales de hidrógeno y otros insumos.

Los populistas pretenden saberlo todo. Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Néstor Kirchner y Cristina Kirchner causaron enormes daños a la producción en Venezuela y Argentina al imponer decisiones que no tomaban en cuenta ni a los mercados ni a las empresas. Donald Trump está haciendo lo mismo en Estados Unidos. Esperemos que si López Obrador llega a la presidencia no quiera también tomar decisiones empresariales, sin tomar en cuenta a quienes realmente conocen esa actividad.

 

Proyectos detenidos

Cincuenta y cuatro proyectos energéticos –ductos, hidroeléctricas, eólicas y fotovoltaicas– están detenidos en distintos lugares del país por grupos políticos y sociales (El Economista). Queremos desarrollo económico y soberanía energética, pero sin inversión.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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