SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Nuestro futuro no está en competir por empleos de bajo sueldo, sino en crear puestos de altos salarios y nueva tecnología”

John F. Kerry

Cuando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte se estaba negociando, el proteccionista del momento era Ross Perot, un empresario que se postuló en 1992 como candidato independiente a la presidencia de Estados Unidos. Su campaña se basaba en el rechazo al TLCAN, el NAFTA, que decía iba a generar un giant sucking sound, un “gigantesco sonido de succión” de empleos hacia el sur.

Donald Trump tuvo éxito donde Perot fracasó y hoy es presidente de los Estados Unidos, pero su filosofía es exactamente la misma que la de Perot hace 25 años. Trump ha declarado que el TLCAN es “el peor acuerdo comercial en la historia”. En su presentación ante el Congreso de este 28 de febrero, afirmó: “hemos perdido más de una cuarta parte de nuestros empleos manufactureros desde la aprobación del NAFTA”. La gran pregunta es si realmente esto ocurrió. ¿Destruyó el tratado una cuarta parte de los empleos manufactureros de la Unión Americana? La respuesta corta es no.

Hay formas de presentar la información para que parezca que el TLCAN ha sido, efectivamente, un desastre para Estados Unidos. En diciembre de 1993 había 16.8 millones de empleos en las manufacturas dentro de la Unión Americana mientras que en diciembre de 2016 se registraban sólo 12.3 millones (Bureau of Labor Statistics). Esta pérdida de 26.8 por ciento es la que sirve de sustento a la afirmación de Trump.

Sólo que en los años inmediatos a la entrada en vigor del TLCAN, el empleo manufacturero de Estados Unidos creció en vez de bajar. De 16.8 millones de puestos en diciembre de 1993, la cifra subió a 17.6 millones entre enero y abril de 1998.

Sí ha habido una caída dramática en el empleo manufacturero estadounidense, pero empezó en 2001, no en 1994 al entrar en vigor el TLCAN. El desplome alcanzó fondo en 2010, cuando se registraron, durante la mayor parte del año, 11.5 millones de puestos de trabajo. Desde entonces ha tenido lugar una tendencia al alza que ha llevado a los 12.3 millones de empleos de fines de 2016 y enero de 2017. Las variaciones en el empleo manufacturero no corresponden ni al inicio del TLCAN ni a ningún otro factor que tenga que ver con este tratado.

Las pérdidas de empleos manufactureros no se han dado sólo en la Unión Americana. El economista mexicano Jonathan Heath me decía hace unas semanas, en una entrevista radiofónica, que el empleo manufacturero también ha caído en nuestro país. En un mensaje posterior en Twitter, Heath señalaba que el número de puestos de trabajo en las manufacturas mexicanas ha caído casi 5 por ciento desde 1994.

La declinación de estos puestos de trabajo ha sido más pronunciada en México que en otros países de Latinoamérica. En el período 2000-2004 la población ocupada en actividades manufactureras en el sector formal de la economía mexicana era de 13.4 por ciento, pero la cifra cayó a 9.8 por ciento en 2006-2012 (Forbes, 19.5.15, citando información del Banco Mundial).

Quien ha visto la operación de las nuevas plantas de manufacturas en Estados Unidos, México u otros países entiende por qué. Cada vez es menor el número de trabajadores en las instalaciones. No es que los empleos de Estados Unidos hayan sido succionados por malos hombres en México, sino que la tecnología está reduciendo el número de puestos laborales en toda la industria manufacturera mientras genera empleos en los servicios. Pero esto es algo que difícilmente puede entender una mente tan cerrada como la de Trump.

 

Remesas

Las remesas de los mexicanos en el exterior, 2,055 millones de dólares en enero, fueron 6.3 por ciento superiores a enero de 2016. Trump parece estar empujando a los migrantes a aumentar sus envíos hoy, ante el riesgo de confiscaciones posteriores.


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