Perdidas

Resulta que la moda hoy en día es hacerse pasar por perdidas, y a quienes ya les gusto es a las diputadas Norma (ita para sus cuatas), Angélica Castorena y Guadalupe (Lupe para sus cuatas) Flores, (sí, esas que en su campaña usaban cascos de minero para quedar bien). Desde hace varias semanas ya no se han visto por El Mineral (para ser exactos, desde las manifestaciones de los mineros).

Era muy común ver a las legisladoras en cualquier evento público (bueno, hasta en los honores de cada lunes), pero como arte de magia dejaron de figurar. Cuentan en los pasillos (de la presidencia, ya sabe) que Normita y Lupe tienen miedo a confrontar a los mineros y mejor ven todo desde lejos.

Pero en el pueblo dicen que qué culpa tienen todos y se preguntan dónde quedaron los compromisos que hicieron, pues ni para los mineros, ni para nadie trabajan. Aunque Lupe se la ha pasado presumiendo que gestionó recursos para un centro canino, resulta que el proyecto para ello ni existe (es decir, lo que presume es nada).

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Grupo

Nos llega al Templete que los regidores, así como otros funcionarios, crearon un grupo de WhatsApp (para chismorrear) para trabajar y tener una mejor comunicación. Cuentan los chismosos (de la presidencia, ya sabe) que algunos ediles creyeron que todos eran buenos amigos.

Fue tanta su inocencia que se abrieron completamente, peeeero ¿adivine qué?, hay algunos regidores que su pecho no es bodega (ósea, son bien lengua suelta). Resulta que en los últimos días se ha filtrado información que se ha platicado en ese grupo y para pronto comenzaron a sacar culpables.

El primero en ser señalado fue Raúl Ulloa, regidor independiente (¿de quién?), quien le aventó la pelotita a Rubén Méndez (el vendedor de autos chocolate), quien a su vez se la tiró a la priista Maricela Orozco y ella a Índira Chávez de León (vamos a esperar a ver quién sigue).

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Aprovechados

Los que no se cansan de querer aprovecharse del erario son el regidor moreno Rubén Méndez (el vendedor de autos chocolate), y su papá, un tal Sebastián Méndez (el Sebas para la raza).

Resulta que aun cuando Rubén Méndez (el vendedor de autos chocolate) negoció con el alcalde la reinstalación del tal Sebas disque para que regresará a trabajar al ayuntamiento (porque sólo va, checa y se regresa a dormir), nuca desistieron de la demanda que tenía interpuesta en contra del Municipio.

Y, aunque la demanda ya la ganó el ayuntamiento, resulta que Rubén Méndez (vendedor de autos chocolate) y el tal Sebas andan peleándose con medio mundo para que le paguen los salarios caídos del tiempo que no laboró (¡que gandayas!) a pesar de que ese no fue el acuerdo con el alcalde.


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