ALBERTO CHIU NTRZACATECAS.COM
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Ayer, en pleno día de la conmemoración (trágica, hay que reconocerlo) de la reivindicación de los derechos de las mujeres, por la tarde trascendió el llamado de auxilio de una madre de familia zacatecana, porque su hija adolescente había súbitamente desaparecido, y aparentemente ya hasta estaban recibiendo llamadas de presuntos captores, solicitándole una fuerte cantidad de dinero por su liberación. Vaya conmemoración.

Ayer mismo, en las entrevistas posteriores a la “celebración” gubernamental de este día, el procurador del estado, Francisco Murillo Ruiseco, reconoció, ante los medios de comunicación, que el delito de secuestro ha venido en aumento en la entidad, y que al menos los 13 secuestros registrados durante los dos primeros meses del año rebasan, con mucho, el mismo periodo del año anterior, cuando se registraron ocho secuestros. Ahora estamos casi al doble.

Por un lado, resulta una lástima darnos cuenta de que nuestras autoridades de seguridad, llámese la procuraduría, o la Secretaría de Seguridad Pública, o incluso la Secretaría General de Gobierno como cabeza del sector, se estén acostumbrando a declarar y hablar –prácticamente sin remordimientos– sobre las debilidades de sus dependencias. Nos hablan de lo que no tienen, de todo lo que les falta, de lo que no pueden hacer, y nos recetan bonitos resúmenes de hechos consumados contra los que nada se pudo hacer… porque no se hizo y punto.

Pero por otro lado, consistentemente vemos cómo un buen número de las víctimas recientes de hechos delictivos son, precisamente, mujeres. Mujeres que de alguna u otra manera se vieron expuestas a situaciones inexplicables muchas veces, y evitables en otras, pero víctimas también al fin, que dejan familias incompletas.

Mientras los discursos oficiales acerca del día de la mujer rondaron invariablemente acerca de la reivindicación de sus derechos, de la vida libre de violencia a la que están llamadas todas, del respeto que tanto los individuos como las instituciones les debemos como parte primordial de la célula familiar, la realidad nos da una cachetada en la cara con ejemplos como los secuestros de jovencitas, las revelación de prostitución juvenil en las secundarias, el asesinato a sangre fría de mujeres, sin que se sepa prácticamente nada de los casos, etcétera.

Mientras las cifras del Secretariado Nacional de Seguridad Pública nos hablan de este incremento importante en los delitos cometidos –contra personas de ambos sexos, sin distinción– la llamada “cifra negra” también sigue creciendo casi de manera exponencial, sin que parezca haber una sola manera de hacerle frente y detener la oleada.

El derecho a vivir una vida libre de violencia, ése que ayer fue mencionado varias veces junto con muchos otros derechos ganados por las mujeres, sigue siendo un pendiente por cumplir por parte de todos los niveles del gobierno. Y es que tiene tal importancia, que precisamente vivir libres de violencia impacta no sólo en las mujeres, sino en la sociedad en general.

Creo personalmente que la diferenciación entre hombres y mujeres, por principio de cuentas, no debería existir, pues lo que hay que fomentar precisamente es la igualdad y no la diferenciación. Igualdad de oportunidades para hombres y mujeres para que los más capaces –del género que sean– logren llegar, por ejemplo, a puestos de elección popular, o a representaciones populares, o a cargos directivos en la iniciativa privada, etcétera.

No es con conmemoraciones como se llega a la igualdad, sino en la práctica de la valoración equitativa de las capacidades humanas de la persona, y por ello me parece importante, en este momento, hacer una reflexión sobre el por qué, por ejemplo, en el gobierno se sigue viendo una enorme disparidad en el gabinete, mayoritariamente ocupado por hombres. ¿Qué no hay mujeres capaces? Me parece que sí.

E igual que valorar que hay mujeres capaces, también hay que valorar que otras mujeres no lo son a la altura de las necesidades del servicio público. Pero lo mismo aplica para los hombres. En fin, que lo que hay que valorar es a la persona independientemente de su sexo, para conformar un equipo de trabajo de profesionales, como creo que no lo tenemos todavía. Me parece que ésa sería una mejor “celebración” del día de la mujer.


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