Un maduro señor llegó a la farmacia y le preguntó al encargado: “¿Tiene condones?”. Inquirió a su vez el farmacéutico: “¿De qué marca los quiere?”. Con feble voz respondió el valetudinario: “¿Hay con varillas?”. Una guapa mujer que no llevaba encima sino unas cuantas gotas de perfume entró en el consultorio de doctor Duerf, psiquiatra. El analista se asombró al ver a la señora así, en peletier. Dijo ella: “Sufro una extraña obsesión, doctor. Siento que toda la gente se me queda viendo”. Don Geroncio, septuagenario caballero, casó con Pirulina, muchacha de 22 abriles. Días antes de la boda el novio fue con un médico. “Doctor –le dijo apenado–. Como usted ve ya no soy un muchacho. La próxima semana me casaré con una mujer en flor de edad. Ella es apasionada, ardiente, y yo, la verdad, no tengo ya las energías de antes. ¿Qué me recomienda?”. El médico sacó un frasquito y se lo entregó. Le dijo: “Son píldoras para dormir'”. “¿Píldoras para dormir? –se asombró don Geroncio–. No creo necesitarlas, doctor; tengo muy buen sueño”. Replicó el facultativo: “No son para usted; son para que se las dé a su esposa”… Al paso que va el PRD pronto tendrá menos afiliados que las tres iniciales de su nombre. Fundado como un partido de izquierda, su ideología original ha sido desvirtuada por arreglos con el Gobierno, ya visibles, ya bajo la mesa, y por alianzas con partidos que, como el PAN, son sus adversarios naturales. Al tiempo que eso ha pasado ha emergido otra corriente, la encabezada por López Obrador, que a los ojos de buena parte del electorado representa ahora a la izquierda, aunque ciertamente en algunos temas importantes, como es el caso de los derechos de la mujer y de las minorías sexuales, la postura de AMLO ha sido más conservadora que la de los derechistas más reaccionarios. Aun así parece que seguirá el éxodo de perredistas hacia Morena, pues el tufo de la victoria los atrae como a los gatos el aroma volátil de un pescado en las caricaturas de Tom y Jerry. Quizás a poco no quedará en la sede del perredismo ni siquiera alguien que diga: “Apaga y vámonos”. Simpliciano invitó a Rosibel a salir. Le dijo que irían al cine y luego a cenar. “Está bien –aceptó ella–. Pero con una condición: cada quien se hará cargo de lo suyo”. Fueron al cine y Rosibel pagó su boleto. Fueron a cenar y Rosibel pagó su cena. De regreso Simpliciano intentó algo: en el coche puso su mano en la rodilla de la chica. Rosibel se la quitó de ahí y la puso en la entrepierna del galán. Le dijo: “Quedamos en que cada quien se haría cargo de lo suyo”. Dos indocumentados mexicanos platicaban después de la dura jornada de trabajo en un rancho de Texas. Terminó uno de leer la carta que le acababa de llegar y le dijo muy triste a su compañero: “Fíjese, compadre Lalo, que cuando vuelva a México me divorciaré de mi mujer”. “¿Por qué, compadre Juan?” -se sorprendió el otro. “Es que mire esta carta –contestó muy triste el rancherito–. La María me dice que va a tener un retoño. ¡Y debería ser un rejuan!”. ¿En qué se parece un pavo al horno a una muchacha que se ha asoleado en la playa? Las partes blancas son las mejores. Venancio el español le dijo a su amigo mexicano: “Mi negocio de abarrotes anda mal, Pancho. Me siento triste y acojonao”. “No se dice ‘acojonao’ –lo corrigió Pancho–. Se dice ‘acongojado'”. “Vale –replicó Venancio–. El caso es que ando con los congojos en la garganta”. Se encontraron dos amigas que tenían algún tiempo de no verse. Una iba en coche del año, vestía ropa de lujo y lucía rutilantes joyas. Le dijo la otra: “Se ve que te va bien. ¿De dónde provienen tus entradas?”. Respondió con laconismo la otra: “De ahí mismo”. FIN.

MIRADOR

El día estaba triste. Un cielo gris de nubes hoscas cubría el horizonte y el ramaje desnudo de los árboles era agitado por un viento frío.

San Virila vio a un niño que lloraba.

-¿Qué te sucede? -le preguntó.

-Se murió el Sol -contestó el niño entre sus lágrimas.

San Virila sonrió.

-El Sol no ha muerto –tranquilizó al pequeño–. Está allá arriba, cálido y luminoso como siempre. Ahora las nubes del invierno impiden que lo veamos, pero se apartarán las nubes y sentiremos otra vez su luz y su calor.

Luego Virila se volvió hacia unos hombres que estaban cerca y que reían por el temor del niño.

-Y ustedes –les dijo–, ¿de qué ríen? También ustedes creen que un ser querido ha muerto porque ya no lo ven. Todos habremos de morir, pero naceremos después a nueva vida. La muerte es como una nube pasajera. Más allá de las nieblas de la muerte está una vida eterna, luminosa y cálida.

¡Hasta mañana!…

 

 

MANGANITAS

“. Peña Nieto dijo que muchos mexicanos padecen amnesia.”.

No soy ni tonto ni lerdo,

pero esa declaración

me provoca confusión,

porque ya no la recuerdo.


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