JENNY GONZÁLEZ ARENAS
JENNY GONZÁLEZ ARENAS

Hay temas de los que no se habla, porque no estamos preparados como sociedad para hablar de ellos, pero eso no significa que, por no hablar de ellos, dejen de existir.

Tal es el caso de la maternidad subrogada, un tema que recientemente se encuentra en discusión, dado que la legislación de Tabasco sí lo permite, pero que ha tenido conflictos con extranjeros que realizaron el procedimiento en dicho estado.

Voces a favor y en contra se han pronunciado.

Los que hablan en contra dicen que es un cosificación de la mujer gestante, que se puede prestar a la trata de personas, que demerita los derechos de las mujeres; quienes hablan a favor se manifiestan por reconocerlo como una forma de reproducción asistida, y que se diseñe un marco legal adecuado de tal forma que se salvaguarde el derecho de la mujer gestante y de la o los solicitantes, poniendo límites precisos a los intermediarios.

En este mecanismo se ponen en riesgo diversos elementos que se tienen que considerar.

En primer lugar, la diferencia entre madre gestante y madre sustituta; la primera no hace aportación genética, puesto que se le implanta un embrión fecundado sólo para que crezca en su vientre, de ahí lo de vientres alquilados.

En el segundo caso, la madre sustituta si aporta material genético, pueda ser porque la madre solicitante no puede, por diversas razones médicas, aportar los óvulos necesarios para la fecundación.

Las implicaciones legales y biológicas de ambos procesos son distintos; en el primer caso, es cuando se habla de una cosificación de la mujer, porque hay quienes pagan por rentar un vientre para la gestación, lo que implica pagar a la madre no sólo por los gastos que representa el embarazo y el parto, sino una cantidad adicional como retribución por la renta de vientre.

Sin embargo, quienes llevan mayor ganancia son los intermediarios que realizan el proceso, que no sólo implica la implantación del óvulo fecundado sino una serie de pláticas y terapias para que el proceso se desarrolle con normalidad y que la madre gestante asuma durante todo el embarazo que el bebé que está creciendo en su vientre no está relacionado con ella biológicamente.

La cuestión es que para efectos civiles, padres son los que aportan el material genético o quien da a luz al bebé.

En el caso de la maternidad sustituta, el problema se complica aún más, porque sí hay aportación de material genético, de tal forma que muchas de las veces el pago no es sólo por la renta del vientre, sino por la aportación del óvulo.

Al término del embarazo se complica el asunto, dado que padres son los que aportan el material genético, que en este caso uno es el papá, que está casado o convive con la mamá, con la que, vale la pena recordar, el bebé no tendrá relación genética porque, se procreará con un óvulo de la mujer que prestará su vientre por lo que dura el embarazo.

Hay quienes afirman que el derecho a ser padre y madre no es un derecho sino una posibilidad, por lo que no se debería legislar en materia de maternidad subrogada. Otros afirman que el derecho a una vida digna implica el desarrollo pleno de la persona, incluido en ello el ser padre o madre, por lo que legislar en materia de reproducción asistida incluida la maternidad subrogada es legislar a favor de garantizar el derecho a la vida digna. La tarea legislativa está en la mesa, la evolución de la sociedad no se detiene y los derechos son progresivos.


Nuestros lectores comentan

  1. A mí me parece que ahora en ningún país exicten los programas donde la madre de alquiler aporte su material genético debido a los problemas que surgen por eso. es mucho más fácil tener una gestante y usar óvulos donados como me hicieron en mi caso en biotexcom, de este modo la gestante no tiene ningún derecho al bebé, y tras su nacimiento yo soy la única madre de mi hijo. Pero claro esto es por la legislación Ucraniana que tienen.

    Responder

Deja un comentario