Un pueblo desinformado y resignado bajo un poder omnímodo puede caer, y cae, en la servidumbre, la degradación política y moral, hasta el grado de un animal doméstico.

A propósito, mis valedores: Peña acaba de ofrecer ¡libertad de expresión! a los medios públicos y privados. Les garantiza que el gobierno de la República trabaja con determinación para que tanto los medios públicos como (los) privados ejerzan plenamente su libertad de expresión. “Enfatizó que México cuenta con medios públicos de gran calidad y reconocida responsabilidad social, con programas que incluyen noticieros, deportes, cultura y entretenimiento”.

¿Libertad de expresión? ¿Cuál, dónde? ¿En los medios impresos y electrónicos? ¿A quién o quiénes pertenecen los “medios”? ¿Quién o quiénes invirtieron millonadas para edificarlos y conseguir la concesión? ¿Libertad de expresión o libertad de empresa? ¿Qué intereses se habrán de privilegiar en los medios: los del propietario o los del periodista? ¿Quién o quiénes tienen en su mano permitir o negar al periodista “su” libertad de expresión? ¿No es el de Aristegui un ejemplo patético de lo endeble que resulta la libertad de expresión del periodista en los medios? ¿Que no debería ser así? No, por supuesto; donde no existe la libertad de expresión no existe la democracia, ¿pero democracia en México? ¿Democracia social, democracia formal, democracia participativa, democracia representativa? ¿Cuál de estas vertientes de la democracia total, más allá del cruce de una papeleta cada tres y seis años como pretexto para que un grupo oligárquico se alterne en el poder? ¿Cuál existe entre nosotros?

Del Sistema de poder recibimos periódicamente unas muy elocuentes lecciones de gramática, digna de 1984, la novela de George Orwell. De sinónimos y eufemismos, concretamente, combinada con toda una cátedra de moral a la manera de Tartufo, personaje de Moliere. A aprovechar unas enseñanzas. La lección de sinónimos:

Monopolio, sinónimo de pluralidad. Duopolio, sinónimo de justicia. Mediocracia, sinónimo de interés público. Uso, sinónimo de abuso, y la verdad, eufemismo de la patraña, la componenda, la manipulación. El eufemismo de recibir “línea”: independencia, y propiedad privada al espectro radioeléctrico, patrimonio de todos los mexicanos. A la recuperación de esa propiedad pública, privatización. Al adoctrinamiento de los “medios”, opinión pública. Al servicio del poder, servicio público. Ética a la guerra de lodo, y al chantaje, moralidad. El sinónimo de una ruda, sañuda manipulación de masas sociales es ética profesional, mientras que la degradación espiritual de esas masas tiene como sinónimo el de dignidad. Defensa de los intereses populares: mantener a esas masas en la ignorancia, en el consumismo, en el cretinismo. Mentiras, calumnias, ataques y elogios pagados a muy alto precio con los dineros ajenos tiene como eufemismo libertad de expresión. Verdades a medias, que son mentiras completas, “ética profesional”. Intereses oligopólicos tiene como sinónimo defensa de los derechos sociales. Rapiña económica se denomina libertad, interés social. Transparencia y apertura, sinónimos son de compinchajes y maniobras de tenebra para destruir adversarios políticos.

Las utilidades económicas del negocio se expresan, a lo eufemístico, como servicio de voz pública a quienes carecen de ella, y a enriquecerse a lo descomunal, bien público. Asistimos al carnaval de la máscara y el disfraz. Los envenenadores del gusto popular, esos peritos en la engañifa, la calumnia y la enajenación de aturdidos, hoy se alzan en foro público y predican la democracia, y exaltan la libertad, y se disfrazan con las galas de la moralidad, y pregonan los beneficios de la honradez el servicio público, el amor patrio.

Radio, tele, ¿libertad de expresión? (Bah.)


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