ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM
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La oficina del gobernador, nombre con el que se conoce al staff o equipo de trabajo cercano (muy cercano) que tiene el mandatario del estado, sin duda alguna tiene una enorme responsabilidad, pues sobre su correcto desempeño descansa, en buena parte, el trabajo del jefe de las instituciones.

Quizá no en los asuntos de las tomas de decisiones sobre políticas públicas, pero sí en todo lo que alrededor del gobernador sucede para que, aunque suene redundante, las cosas sucedan. Es decir, que de su labor, por ejemplo, depende la correcta coordinación entre titulares de área para tener acuerdos con el mandatario; entre los asesores del mismo, para aparecer en los momentos oportunos y ofrecer alternativas; para orquestar los mejores tiempos y movimientos de la gubernatura, sus eventos oficiales, sus encuentros privados… en fin. Una dirección de orquesta bastante complicada.

Incluso, hay quienes llevan este papel hasta el plano de la abierta tarea de relación pública, convirtiéndose además en un filtro previo al gobernante, en un cernidor de lo que llega hasta él.

Por todo ello, resulta lamentable que al interior del propio gobierno ya suene con insistencia el comentario de que el actual jefe de la oficina del gobernador, el joven Juan Francisco del Real, esté más bien mostrando sus intereses en otra cosa… pero no en la oficina, sino en el impulso de su propia carrera política, a costa del funcionamiento correcto de la misma oficina.

Un ejemplo de ello pudimos apreciarlo ayer, cuando simultáneamente programaron dos eventos con personalidades de carácter nacional (por un lado, el director del Inegi; por el otro, consejeros nacionales del Inai), como si no se hubieran enterado en esa oficina que entre ambas dependencias hay, en estos momentos, una suerte de confrontación en la cúpula del país.

Peor aún, por si fuera poco la aparente falta de tacto político, el hecho de programarlos simultáneamente y decidir a qué evento iría el gobernador –para luego ver cómo la esposa del gobernador va al otro y casi asume su personalidad– también habla de una falta de tacto comunicacional, pues, prácticamente, él mismo se tapa las posibles notas periodísticas que pudieran tomar los medios de comunicación.

A decir de varios funcionarios cercanos al círculo próximo al gobernador –y por lo tanto, a Juan Francisco del Real–, éste ya está mucho más interesado en este momento en hacer su propia campaña interna para lograr ser candidato de lo que caiga, en las próximas elecciones, y por ello es que ha descuidado la relación pública, el manejo de agenda, los acuerdos con asesores y funcionarios de primer nivel… y quizá, incluso, su relación con el gobernador.

Según ha trascendido en ese primer círculo, a Juan Francisco ya no le importa nada más que conseguir colarse a un puesto en las próximas elecciones, y por lo demás… que ruede la oficina junto con el mundo.

Está bien que –como reza el adagio político– “todos los que respiran, aspiran”, pero hay tiempos y lugares oportunos para hacerlo, siempre y cuando no se descuide la labor fundamental que primero está haciendo. Más, cuando de su labor depende –insisto– esa parte visible del trabajo del gobernador en turno.

Ejemplos de “jefes de oficina” exitosos hay muchos, personajes que han pasado a la historia política mexicana, incluso, por su característica de ser “invisibles” a los reflectores, pero eficientes en su servicio al gobernador, lo que les gana, además de confianza, reconocimiento fuera de reflectores.

Quién sabe cómo le irá a él, a Juan Francisco, en sus intereses y sus anhelos políticos, pero es sumamente probable que, si descuida su trabajo, le irá mal a su jefe, el gobernador, y a su gobierno por igual.


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