En el ámbito global, se han infiltrado modelos económicos y políticos que van en contra de la dignidad humana. Según Ahumada, el papel positivo de la desigualdad justifica el enriquecimiento y la industrialización de los países desarrollados a costa del subdesarrollo de los países pobres. Según Samir Amin, el capitalismo puede sobrevivir con que el 20 por ciento de la población posea el 80 por ciento de los recursos y el 80 por ciento de la población, los más pobres, sólo tengan el 20 por ciento de éstos.

¿Es esto compatible con la bioética?

El contexto de nación descrito anteriormente determina que en México se hayan creado escenarios sociales de inequidad, de no justicia y una fisura significativa de la población mexicana, lo que, asociado a los problemas de gobernabilidad e inestabilidad social existente, impacta negativamente en la calidad de vida de la población.

La humanidad ha perdido su rumbo, hay una crisis de valores, su horizonte no es claro y el poder abusivo de la ciencia sobre el hombre y su medio ambiente impera en las sociedades. Los estudiantes universitarios del nuevo milenio no han sido inmunes a estos cambios sociales; más bien, son el resultado de ellos. Son fruto, en su mayoría, de familias disfuncionales, de proyectos educativos cada vez más flexibles y permisivos, eso explica por qué es tan frecuente que impere “la ley del menor esfuerzo”. Asimismo, comportamientos deshonestos, como copiar en una evaluación, falsificar una firma, no son considerados como acciones censurables.

Dada esta situación y conforme a los avances de carácter tecno-científico, resulta inevitable hacer esfuerzos por impulsar la bioética en las instituciones superiores en México, con el fin de crear valores sociales que incidan en nuestra sociedad y que impulsen la formación integral de los profesionistas.

Es importante preguntarse: ¿qué tipo de personas, de ciudadanos queremos formar?, ¿cuáles son las falencias, debilidades y necesidades de los jóvenes en la dimensión ética y moral? Por todo lo anterior, la humanidad tiene la necesidad urgente de un diálogo entre la ciencia y las humanidades o, más exactamente, entre el conocimiento científico y los valores humanos.

En 1970, Van Rensselaer Potter propuso a la bioética como el puente entre estos dos saberes y como la ciencia de la supervivencia del hombre en comunión con las otras especies y los entornos abióticos de los que depende para el mejoramiento de la calidad de vida.

Platón había mostrado que el bien de un ser es la virtud o excelencia propia que lo hace apto para cumplir su función. En el hombre su función es la actividad del alma racional y su felicidad consistirá en el ejercicio de esa aptitud.

Aristóteles, sostuvo que, el fin de toda actividad humana es la felicidad y que naturalmente el bien para cada ser es la perfección de su actividad. A juicio de Aristóteles, la virtud implica elecciones voluntarias: es un hábito, es una actitud permanente de la voluntad representa la excelencia del hombre y gracias a ella el hombre es bueno. La virtud no es la felicidad pero la felicidad si supone el ejercicio de esa aptitud excelente.

Para que los educadores curen y limpien a la sociedad de sus propios males, el nuevo educador debe de retomar los estudios filosóficos, pues los filósofos nunca han dejado de preocuparse por la educación. No creemos en la homogeneidad de la educación ni en la mezcla desmesurada de corrientes educativas.

Es por eso que la educación tiene que estar abierta al cambio, asegurando sus bases filosóficas inmutables. Pensamos aquí en la libertad y en la responsabilidad y si enseñamos a todos los hombres que son enteramente libres, partiendo de su condicionamiento social, educativo, económico, histórico y geográfico, de hacer lo que consideren mejor, pero que esa libertad implique, necesariamente, la responsabilidad de los actos, por lo menos se estará fundando una sociedad que tome plena conciencia reflexiva de las necesidades y las exigencias de los otros, en donde incluso los asesinos estarán plenamente conscientes de las implicaciones que lleven tras de sí sus actos.

*Concejal de Bioética.


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