Emilio
Emilio

En días pasados murieron dos actores culturales que referencian, en parte, a la cultura de la sociedad contemporánea. Y tal es su obra, que vale recurrir a: murieron, pero su labor queda. No hay adiós definitivo.

Derek Walcott falleció el pasado viernes 17. El hecho ocurrió en la isla de Santa Lucía, sita en el Caribe. Él, de 87 años, era inicialmente reconocido como un artista visual; luego, con el transcurrir de sus publicaciones poéticas, le situaron como un escritor de habla inglesa que proporcionó representación poética al Caribe.

Walcott publicó Omeros en 1990. El poemario está integrado con siete libros divididos en 64 capítulos; cada uno de ellos compuesto de tres cantos. El texto es una recreación de la Ilíada, pero con pescadores y escenarios de su contexto caribeño. Creado en inglés, en la recepción inicial fue reseñado en el suplemento literario de The New York Times y lo incluyeron en su lista de “Mejores Libros de 1990”.

El premio Nobel le fue otorgado en 1992, dos años después que al poeta Octavio Paz. La alusión al mexicano no es deliberada, pues él fue uno de los primeros difusores del poeta caribeño. La publicación de Walcott fue en la revista Vuelta (no. 123, febrero de 1987) con El mar es historia. La traducción fue de Rafael Vargas; otros traductores son los españoles José Luis Rivas y José Carlos Llop.

Tampoco es deliberado señalar que su obra fue inicialmente conocida en castellano por poemas y fragmentos. Omeros fue traducido al castellano en 1994 y luego vino la difusión de un escritor que recreó el murmullo de los caribeños mestizos y la geografía definitiva de su insularidad.

Derek Walcott escribió Gros-Ilet:

“De esta aldea, empapada como un trapo gris en agua salada,

llegó un lenguaje guarnecido de conchas marinas,

con una sombra de bayas en sus axilas

y codos como flexibles remos. Toda ceremonia comenzaba

en las vaguadas, los estercoleros, los funerales al alba y el ocaso

a los que asistían los cangrejos. El mar reforzaba

los olores…

En este lugar las velas y las costumbres son distintas, los muertos

son distintos. Sus tumbas las guardan conchas distintas.

Hay diferencias más allá del paraíso

de nuestro horizonte. Esto no es el Egeo púrpura como la uva.

Aquí no hay vino, no hay queso, las almendras son verdes,

las uvas de playa amargas, el lenguaje es el de los esclavos.”


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