ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM
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Entre la noche del miércoles y la mañana de este jueves, otro trabajador del volante en Zacatecas fue aparentemente privado de la libertad, primero, y luego asesinado a sangre fría para después dejar su cuerpo inerte en la vialidad Siglo XXI, muy cerca de una institución educativa, el Colegio Valladolid. Lamentable, pero cierto: la violencia en contra de taxistas no se ha detenido.

Luego de conocerse la noticia, durante todo el día de ayer hubo comentarios de los compañeros del taxista muerto, acerca de qué hacer para llamar nuevamente la atención del gobierno en el tema de la seguridad para su trabajo… y ya por la noche decidieron reunirse en la Máquina 30 30, junto a la Estación de Ferrocarriles, para tomar una decisión: bloquear el bulevar López Mateos, o tránsito pesado.

Hasta ese sitio, llegó también el director de Tránsito del Estado, Miguel Rivera Villa, para intentar un diálogo que evitara la toma de vialidades, para ponerse a sus órdenes, para ofrecer diversos apoyos… lo de siempre, ya sabe. Los taxistas lo escucharon, dialogaron con él.

Minutos más tarde, incluso de la oficina de Comunicación Social del gobierno del estado se dio a conocer que ya se había llegado a un acuerdo: una reunión en corto con los taxistas en la que estarían, por parte del gobierno, el director de Tránsito, gente de la Secretaría General de Gobierno, el secretario de Seguridad Pública y el director de la Policía Metropolitana. La reunión se programó para hoy viernes, a las 4 de la tarde.

Sin embargo, más tardó Miguel Rivera en darse la vuelta, que lo que tardaron en reorganizarse los taxistas y, efectivamente, desplazarse para realizar un bloqueo por lo menos en el bulevar López Mateos a la altura de la Plaza Bicentenario, por una única razón: no hay confianza.

Pero claro que no hay confianza, pues a pesar de los incontables discursos de prevención, como lo he escrito en ocasiones anteriores, eso es una cosa y otra muy diferente las medidas de contención y de combate frontal a la delincuencia, que no parecen tener cabida en la estrategia de la actual Secretaría de Seguridad. Claro… si es que hay una estrategia así.

Si hoy se realiza finalmente esa reunión, yo me pregunto ¿qué clase de garantías estará dispuesto a ofrecer el gobierno del estado no sólo a los taxistas, sino a la sociedad en general, para asegurar que se está en calma y en tranquilidad? Y más aún, yo me pregunto ¿qué tanto estarán dispuestos los taxistas (y la sociedad también) a creerle a Seguridad Pública, o a la Secretaría General de Gobierno, o al director de Tránsito, o a quien sea, de que están haciendo lo verdadera y urgentemente necesario para garantizar esa seguridad?

Seguirán, de eso no me queda la menor duda, los discursos acerca de que se trata más bien de casos “aislados” y precisos, de personas presuntamente involucradas en actos ilícitos que fueron los que les llevaron a perder la vida, para terminar siempre con una especie de moraleja que suena hasta insensible: por eso les pasa lo que les pasa, mejor “no se involucren”.

Es una nueva prueba de fuego para todas las instancias encargadas de la seguridad y la política interior. Una prueba que, lamentablemente, se adereza con la pérdida de vidas humanas, y que se vuelve todavía más sensible socialmente porque en este caso, a diferencia de los cientos de asesinatos ocurridos con anterioridad, los taxistas sí “afectan” de cierta manera mediante su manifestación al tránsito libre de las personas.

Me parece que el primer ingrediente que habrá de aportar el gobierno estatal es la sensibilidad precisamente, tanto para el taxista muerto –y los tantos otros que igual han perdido la vida en similares circunstancias– como para su familia y sus compañeros trabajadores del volante.

Pero luego de eso, ¿qué otras cosas habrán de aportar? ¿Más vigilancia, más patrullajes, más desarrollo de investigaciones, más inteligencia táctica, más estrategia de combate, más involucramiento de la sociedad…? ¿Qué más?

Por lo pronto, el resultado es el mismo: se demuestra una vez más la desconfianza que hay en las autoridades estatales, y se acrecienta la desesperación de al menos un sector de la ciudadanía porque no se ven resultados contra la violencia.

 


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