ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM
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“Lo ven a uno… y creen que es fácil”

-Leodegario Varela

Con mi abrazo a tu familia

 

Comentaba ayer un amigo que la situación por la que atraviesan muchos estudiantes universitarios que obtuvieron una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y que no han recibido ni un cinco, no es nueva ni es rara. Que prácticamente cada ocasión en que se otorgan estas becas es, digamos, “normal” que se espere una especie de “cernida” de estudiantes para ver cuántos quedan y, finalmente, pagarles a ellos.

Y que además, se les entrega retroactivamente, de un trancazo, todo lo que se les adeudaba. Ayer el coordinador de Investigación y Posgrados de la Universidad, Manuel Reta Hernández, informó que se están haciendo las gestiones necesarias para que se entreguen todas las becas otorgadas, que el Conacyt cometió un error en la evaluación, que redujo las becas a la mitad… y muchas otras cosas.

Sí, está bien pero… ¿y qué hacen los estudiantes becados de maestrías y doctorados que –se supone– deberían estar recibiendo ya esos recursos y que, si bien les va, estarían recibiéndolos hasta mayo?

Según este amigo que me comentaba, es común que muchos de ellos “vivan” prácticamente de préstamos personales o familiares, subvenciones de algún acomedido mecenas que, una vez que llegan las becas, les cobran los préstamos. Me parece indigno, y por demás angustiante, tener que estar, así, esperando a ver de dónde sacan dinero los estudiantes, a la espera de que “se les haga el favor” de pagarles una beca por la que se supone concursaron y ganaron.

Quizás haya cierta razón en señalar al sistema en general como promotor de esta clase de irregularidades, quizás se trate en efecto de que no hay suficiente gestión por parte de la Universidad Autónoma de Zacatecas para hacer cumplir esta prestación de cierto modo ganada por los estudiantes, a cambio de su excelencia.

Pero como quiera que sea, el asunto es que ningún estudiante –de ningún nivel– debería estar preocupándose por otra cosa que no sea, precisamente, desarrollar sus estudios apropiadamente y con niveles de excelencia, sin tener esas preocupaciones en la cabeza. ¿Qué nivel de profesionistas, con posgrados o no, queremos tener si los orillamos (como sistema) a tener que buscar sus propios apoyos?

Todos estos distractores representan, a final de cuentas, un retroceso o al menos un fuerte obstáculo para su dedicación a la investigación, el análisis y el trabajo académico que realizan, y sientan un precedente real para que su rendimiento pueda verse sensiblemente afectado. ¿En eso estarán pensando las autoridades universitarias cuando presumen que están haciendo “todo lo posible” en materia de gestiones ante Conacyt o ante quien sea para que lleguen estos recursos a quienes deben llegar?

Ojalá nuestras autoridades universitarias, de verdad, se tomen en serio la enorme responsabilidad que tienen para con sus estudiantes y, por ende, para con la sociedad, de manera que su reacción sea definitiva y categórica, más allá del cúmulo de problemas internos institucionales que enfrentan ahora, pues de la formación de nuestros profesionistas depende, también, la formación de nuestra comunidad zacatecana. Ojalá no los condenen a tener que andar “limosneando” para seguir formándose, y piensen primero en ellos, no en ver cómo le hacen para tapar su propia ineficacia.

 


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