TOMÁS MOJARRO
TOMÁS MOJARRO

Hace algún tiempo recibí el texto siguiente, que adquiere renovada actualidad frente a la feroz manipulación que desde todos los medios de acondicionamiento social descargan sobre las masas los del Sistema oligárquico, con una machacona reiteración de alabanzas a una “democracia” cuya naturaleza nunca les han explicado y una delirante satanización de un “populismo” que no se atreven a mentar por su nombre, Andrés Manuel, porque esas masas podrían encresparse. Aquí lo transcribo, con su propia sintaxis y sub-rayados, porque considero muy a propósito como para leer entre líneas.

“El profesor Andrew Oitke publicó su polémico libro Mental Obesity, que revolucionó los campos de la educación, el pensamiento y relaciones sociales en general. Esa obra el catedrático de Harvard describe el que consideraba el peor problema de la sociedad moderna.

Hace apenas unas décadas la Humanidad tomó conciencia de los peligros del exceso de gordura física por una alimentación sin reglas. Notamos ahora que nuestros abusos en el campo de la información y conocimiento están creando problemas tanto o más serios. Para el autor nuestra sociedad está más abarrotada de preconceptos que de problemas, más intoxicada de lugares comunes que de hidratos de carbono. La gente se vició de estereotipos, juicios apresurados, condenas precipitadas. Todos opinan sobre todo, pero no saben nada. Los cocineros de esta magna fast food intelectual, son los periodistas y comentaristas, los editores de la información, los argumentistas y los cineastas.

Los noticieros y telenovelas son las hamburgers del espíritu, las revistas y novelas son los donuts de la imaginación”. El problema central está en la familia y en la escuela. Cualquier padre responsable sabe que sus hijos se enfermarían si comieran solamente dulces y chocolate. Por ello no se entiende por qué tantos educadores aceptan que la dieta mental de los niños se componga de dibujos animados, videojuegos y telenovelas. Con una “alimentación intelectual” tan cargada de adrenalina, romance, violencia y emociones morbosas, es normal que esos jóvenes nunca consigan una vida saludable y equilibrada.

El periodista se alimenta hoy casi exclusivamente de cadáveres de las reputaciones de personajes públicos, de detritos, de escándalos, de los restos mortales de las realizaciones humanas. La prensa dejó hace mucho de informar, para sólo seducir, agredir y manipular. Los reporteros se desinteresan de la realidad, para centrarse sólo en el lado polémico y chocante. “Sólo la parte muerta y podrida de la realidad es la que llega a la prensa escrita, radial y televisiva”.

Los casos consignados en la obra han creado conmoción. El conocimiento de personajes aumentó, pero lleno de banalidades. Todos dicen que Saddam era malo y Nelson Mandela bueno, pero no saben por qué; confían sólo porque lo escucharon en la televisión. Las grandes realizaciones del espíritu humano estén en decadencia. La familia es discutida, la tradición olvidada, la religión abandonada, la cultura se banalizó, el folklore entró en caída libre, el arte es fútil. Florece la pornografía, la charlatanería, la imitación, la insipidez, el egoísmo. No se trata de una decadencia, una “edad de las tinieblas” o el fin de la civilización, como tantos pregonan. Es sólo una cuestión de obesidad. El hombre moderno está en reposo en el raciocinio, gustos y sentimientos.

El mundo no precisa de reformas, desarrollo y progreso, sino que necesita, por encima de todo, de una dieta mental.

Mis valedores: ¿semejante retrato hablado (atroz, horroroso) corresponde al de algún país que ustedes conozcan y que ande a estas horas en la época de brama provocada por una campaña electorera manipulada hasta la náusea?

(Macabrón.+)


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