TOMÁS MOJARRO
TOMÁS MOJARRO

A lo borroso, que el tiempo me lo ha diluido, recuerdo el vetusto caso de un Porky que violó y asesinó a una menor y del juez que mediante el soborno de 500 mil dólares lo excarceló para que se fuese a atejonar en algún escondrijo de la Unión Americana.

Recuerdo también el suceso mucho más reciente de cierto trío de Porkys que habiendo confesado un Sergio Barraza cómo violó a una menor de edad a la que luego asesinó, y que imploraba el perdón de la madre, presente en el juicio oral, el trío lo dejó libre “porque no contamos con más evidencia que la confesión del acusado”.

Y a fines del sexenio anterior, la víctima de un secuestrador al que el Porky de turno dejó libre: “Soy mexicano, pero este es una porquería de país. Un país de mierda”.

Mis valedores: ¿qué representa hoy día en nuestro país la Justicia como virtud moral y en cuanto espíritu del Derecho? ¿Con qué valor amanece por estos días el entramado de leyes y reglamentos que nos rigen en cuanto comunidad? ¿Ante las masas sociales qué valor representan hoy mismo las instituciones encargadas de aplicar la ley para que se imparta la Justicia? ¿Cuál es la imagen que guardan hoy mismo los mexicanos de las tantas corporaciones policíacas, del Ejército, la Marina armada, los jueces y ministerios públicos? ¿Cuál será el juicio que se aplica a la actuación de una cáfila de Porkys de toga y birrete?

Cuando el lacerado aseguró que “somos una porquería de país” acertaba, a mi juicio, con el diagnóstico, que es el mismo de tantísimos mexicanos, diestros como somos en el catálogo de agravios, porque México, jura el discurso oficial, es un Estado de derecho, pero algunas de sus instituciones están manejadas por funcionarios Porkys como ese que carga el alias de Anuar González Hemadi. La náusea.

Pues sí, pero yo, como el resto de mexicanos agraviados, por comisión u omisión soy el responsable de quienes así manejan las instituciones del Estado de derecho. En ese entendido hoy, ante el incidente de la liberación de un Porky de tantos, menos Porky que el Anuar González de marras, me avergüenzo de mí, porque he permitido que la institución fundamental del Estado, que es la encargada de impartir de manera cabal, categórica, la Justicia, esté manejada por monigotes carentes de ética y de moralidad personal, Porkys que ni ven ni oyen esas agresiones a la ley y a la Justicia que a estas horas perpetran los Porkys del cártel de Atlacomulco, qué país.

Me avergüenzo de mi propia persona, que como ciudadano inspira tan poco respeto a esos desvergonzados; me avergüenzo de unos oligarcas que actúan como si nada grave estuviese aconteciendo con los Porkys de tinaco y estufa en el Estado de México porque “la crisis está en mi mente”, como también me avergüenzo de esas masas a las que los medios de acondicionamiento social han castrado el ejercicio de pensar (de ahí su ignorancia, acorde con la perversidad de los Porkys) y que viven, si eso es vivir, con las nalgas frente a la de plasma. Mis valedores:

El Porky de Acapulco, liberado al precio de 500 mil dólares, se fue a atejonar en alguna madriguera de EU. ¿Y el Porky que absolvió a su colega porque manosear los pechos de la menor y meterle los dedos en la vagina, “no ofrecen la certeza de que haya habido intención lasciva”? ¿Ese dónde?

Qué porkería. (Anuar.)


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