SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

Las buenas intenciones no te dicen nada acerca de las verdaderas consecuencias

Thomas Sowell

El populismo está tomando carta de naturalización en la política mexicana. Su influencia no se limita a un sólo partido. En este inicio de campaña en el estado de México, el candidato que ha ofrecido promesas más populistas es Alfredo del Mazo, del PRI. Ahí está, como ejemplo, su oferta de dar un “sueldo rosa” a las amas de casa del estado de México. Serán 1,200 pesos bimestrales para millones de mujeres, que no pagará Del Mazo de su bolsillo, sino los contribuyentes.

Los políticos mexicanos se han dado cuenta que la mejor forma de comprar votos es regalar dinero público a través de programas sociales. El ciudadano que recibe una dádiva del gobierno muestra un agradecimiento especial que suele traducirse en votos. Esto lo entendió muy bien Andrés Manuel López Obrador cuando fue jefe de gobierno del Distrito Federal en 2000-2006. Con su programa de subsidios a los adultos mayores, se ganó la lealtad y los votos de muchos. Hoy parecería que todos los políticos quieren avanzar por el mismo camino.

El problema es que un gobierno que reparte sus recursos en dádivas difícilmente podrá cumplir con sus verdaderas responsabilidades. Las entidades que lo hacen suelen cobrar impuestos excesivos y descuidar temas fundamentales, como la seguridad, los servicios públicos o la construcción de infraestructura. No dedican lo suficiente a temas como la reparación de tuberías de agua y drenaje o la construcción de plantas de tratamiento de agua, aunque sean inversiones mucho más importantes, porque no se ven y no son tan rentables en lo político.

Los populistas dicen que con los programas sociales combaten la pobreza. Pero esto es falso. Regalar dinero no es un buen método para combatir la pobreza. La mejor manera de reducirla es generar inversión y actividad económica para crear empleos productivos. Los programas sociales producen dependencia. Pero a los políticos populistas lo que les importa no es combatir la pobreza sino aprovechar a los pobres para ordeñar su voto.

El que a pesar de las críticas del presidente Enrique Peña Nieto al populismo el candidato de su partido en el Estado de México, un candidato seleccionado por el mandatario por dedazo, ofrezca estas promesas revela la eficacia que han tenido los programas sociales para ganar elecciones. La experiencia en México y otros países nos dice que las dádivas del gobierno son muy eficaces para conseguir el apoyo de la gente ya que las consecuencias negativas sólo se advierten después de varios años. Hoy lo vemos en la Ciudad de México, con el deterioro de la infraestructura de distribución de agua a la que no se le ha prestado la suficiente atención en décadas. Venezuela, con el colapso de la economía tras años de medidas populistas, es el ejemplo extremo de hasta dónde pueden destruir estas políticas una economía.

Del Mazo no se preocupa por las consecuencias de largo plazo de las promesas que está haciendo. Su objetivo inmediato es ganar las muy disputadas e importantes elecciones del estado de México. Si llega al poder podrá afianzar su popularidad cumpliendo promesas y repartiendo dinero. Los costos los tendrán que sufrir los gobiernos posteriores. Ésa es la lógica del populismo. Se sacrifica el futuro para beneficiar al político actual.

La enfermedad se ha extendido. El populismo ha sido adoptado aun por los que cuestionan el populismo. Los políticos mexicanos tienen un enorme incentivo para usar los programas sociales para comprar votos. El futuro ya preocupará a los que lleguen después.

 

Sartori videns

La televisión “atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender”. Giovanni Sartori, quien falleció ayer a los 92, lo escribió en su clásico libro Homo videns. Sigue siendo una afirmación relevante.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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