ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM
ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM

Creo que más de dos nos hemos preguntado qué llevó a Miguel Alonso Reyes a planear la construcción de una obra como el Centro Cultural Toma de Zacatecas, un proyecto multimillonario y al que se ve poca utilidad práctica, en medio de la situación de crisis en que vivimos en la entidad desde hace muchos años.

¿Las ansias de trascender en la historia local por haber hecho megaconstrucciones? ¿Un plan mayor que incluyera al armatoste como parte de una política integral cultural? ¿Sacar ganancias millonarias a partir de los tan llevados y traídos moches y diezmos que siempre se acusaron en lo oscurito, y que nadie fue capaz de denunciar formalmente?

Cualquiera que haya sido esa razón, el hecho es que el enorme gasto que ha representado hasta este momento contrasta, ofensivamente, con el enorme número de zacatecanos que, sin posibilidades de desarrollo por cuenta propia, anhelan que el gobierno les eche una manita por la vía de los apoyos sociales, los préstamos, las donaciones, o, por lo menos, esperan que el gobierno invierta recursos en mejorarles la infraestructura de salud, la educativa, los caminos rurales, etcétera.

Es insultante, para muchos zacatecanos, enterarse de que ahí se han gastado cientos de millones de pesos que pudieron haberse utilizado, en cambio, en aulas para las escuelas rurales, en clínicas médicas, en contratación de doctores, en apoyos para la tecnificación en el trabajo del campo, en programas de apoyo alimentario para personas en alta y muy alta marginación a la par del desarrollo de proyectos productivos que les permitieran salir después adelante por sí mismos.

Y así podemos encontrarnos, tal como en el caso del Centro Cultural todavía inservible, otros rubros de enorme gasto por parte del gobierno, en los que lamentablemente no se le encuentra la cuadratura al círculo sobre el beneficio real que tendrán una vez que se concreten –si se concretan, claro–, y cómo ayudarán a sacar a la gente más fregada de las condiciones deplorables en las que vive.

Al menos, por ejemplo, cuando se establecen programas de empleo temporal para que en las comunidades se empleen personas en el arreglo de sus propias calles y caminos, en el mantenimiento de parques y jardines o de escuelas, los beneficios son tangibles de manera inmediata, tanto en el sentido económico porque les pagan por lo que hacen, como en el sentido social, pues coadyuvan a su propio desarrollo.

Pero… hacer un teatro enorme, carísimo, que tiene montones de observaciones en su construcción, que no se ve cómo vaya a llenarse ni con qué clase de espectáculos, ni quiénes lo vayan a usar, y sobre todo, cómo impulsará esa infraestructura el desarrollo de la cultura en Zacatecas, no tiene perdón.

Y ahora, la novedad: que se concesionará a particulares para terminar su construcción y para operarlo. Y entonces, se convertirá en el negocio de alguien más, y me pregunto si eso dejará dinero a las arcas públicas, y en qué se utilizará ese recurso, y a quién va a beneficiar, y cómo es que finalmente se logrará que un elefante blanco como ése repercuta en el bienestar de los de casa… y no me refiero a los burócratas.

Quizás, como en el caso de los famosos bonos de productividad y eficiencia –o nómina secreta, llámele como quiera–, la respuesta más obvia del gobierno será que todo se ha hecho legalmente, con total transparencia y apegados a derecho. Sí, tal vez, pero eso no quita que sea absolutamente inmoral, injusto e insultante que se sigan gastando el dinero en cosas superfluas, mientras hay tantas otras necesidades primarias entre la población. Es como darles una bofetada con cada carretada de dinero que se gastan así.

 


Nuestros lectores comentan

  1. Ezequiel García Mart´nez

    Elefantes blancos, alta corrupción, opacidad y excesivo uso de recurso público para “servicios personales”, ineficiencia administrativa, indicadores en aspectos negativos a la alza y los que debieran ser positivos, a la baja. Creo que se va perfilando el “juicio de la historia” hacia este digno representante del Nuevo PRI que presumiera Peña Nieto. Independientemente de legalidades o impunidades o denuncias o…, la vox populi es vox dei.

  2. El arte de decir en mil palabras lo que bien cabía en dos párrafos. Lo que es no tener temas ni fuentes ni chismosos ni conectes ni pedro que le ladre.