ENRIQUE LAVIADA / LORENA GUTIÉRREZ | NTRZACATECAS.COM
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Zacatecas.- El Ecoparque Centenario Toma de Zacatecas es otra de las megaobras millonarias iniciadas durante el sexenio del ex gobernador Miguel Alonso Reyes, que en la actualidad siguen inconclusas.

Al igual que el Centro Cultural Toma de Zacatecas, este proyecto se justificó en los programas conmemorativos de la batalla histórica y, desde que se anunció, fue criticado por su alcance y cuestionado el beneficio que tendría para el estado.

Cambian presupuesto

La suma de recursos públicos que se han gastado en el parque difiere de lo informado durante el sexenio alonsista, cuando se aseguró que se había erogado un presupuesto de 250 millones de pesos para el proyecto.

Según declaró en una entrevista reciente el titular de la Secretaría de Infraestructura (Sinfra), Francisco Ibargüengoytia Borrego, el monto utilizado hasta este momento asciende a 184 millones de pesos.

Precisó que varias instituciones gubernamentales han abonado a la bolsa destinada a esta construcción; la primera fue el entonces Instituto de Ecología y Medio Ambiente de Zacatecas (IEMAZ, hoy SAMA: Secretaría del Agua y Medio Ambiente), que aportó 5 millones pesos.

Después se sumó la Secretaría de Turismo de Zacatecas (Secturz), con 6 millones de pesos; luego se obtuvieron 114 millones cuando el proyecto fue considerado como compromiso del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, y más tarde el gobierno del estado añadió 60 millones de recursos de contingencias económicas.

Pero ahora las cuentas no coinciden con las cifras presumidas en la administración anterior, durante la que Ibargüengoytia Borrego ocupó el mismo cargo que desempeña ahora, en el gobierno de Alejandro Tello Cristerna.

En febrero de 2016, el titular de la Sinfra calificó este proyecto como “la obra más ambiciosa del gobierno del estado” y anunció que, finalizada la primera etapa, el presupuesto invertido para esas fechas era ya de 203 millones de pesos, es decir, 19 millones más que lo que informó hace apenas unos días.

Además, el parque no está terminado, por lo que se requerirá más dinero que no se tiene. Actualmente, la administración estatal gestiona recursos para que el espacio se pueda poner en operaciones, pues aún falta el equipamiento de la plataforma conformada por el área verde contigua a la Presa de Infante.

También resta la conexión eléctrica y de voz y datos de la Casa de la Tierra y la capacitación del personal de este espacio, por lo que el equipo tecnológico adquirido, como computadoras y proyectores, permanece guardado.

Para esos pendientes se tiene una bolsa de 2.6 millones de pesos y la intención es obtener más dinero del fondo de proyectos regionales, con el objetivo de que la obra –que según Francisco Ibargüengoytia tiene 98 por ciento de avance– por fin se pueda concluir.

Avance irregular

Así como en el caso del Centro Cultural Toma de Zacatecas, los trabajos de construcción del ecoparque han tenido dificultades para avanzar desde el inicio, y también se suspendieron por las anomalías que arrastraba el proyecto.

La obra fue anunciada desde mediados de 2012 y se presumía que “sería un pulmón de gran importancia para la zona conurbada”, que estaría listo en junio de 2014, según los planes. Pero sobrepasada esa fecha, sólo se tenía 53 por ciento de avance.

Alma Fabiola Rivera Salinas, entonces titular de la SAMA, argumentó que el retraso se debía a las lluvias; sin embargo, los obreros desmintieron esta versión y denunciaron que se debía a que no se les había pagado.

Incluso, Mario Rodríguez Márquez, quien en ese momento era secretario de Infraestructura, consideró que la compañía contratada “no era muy profesional”. La empresa era HG Desarrollos, originaria de Jalisco y propiedad de Humberto Godoy, quien también fue dueño de Rumbo, encargada de la segunda etapa del Centro Cultural Toma de Zacatecas.

Luego, en octubre de 2014, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) detuvo las labores del parque debido a que la Sinfra carecía de un “documento técnico” y, porque se detectaron observaciones al proyecto, por uso de suelo e impacto ecológico.

El permiso para continuar se otorgó en 2014 y, de acuerdo con el proyecto ejecutivo, la obra estaría lista en dos años más. Los trabajos se reactivaron en febrero de 2015 y se planeaba terminar en seis meses, por lo que se trabajaba en tres turnos durante día y noche y a pesar de las inclemencias del tiempo.

Pero otra vez la fecha no se cumplió; en 2016 se prometió para marzo, luego para agosto y fue inaugurada, aún sin acabar, en septiembre de ese año, por Peña Nieto.

Después del evento de apertura, sólo se han hecho reforestaciones en el lugar, mientras que los cursos de educación ecológica prometidos no se han anunciado y varias áreas siguen cerradas.

Abandonada

El parque ecológico centenario abarca cien hectáreas y su objetivo sería “conservar, restaurar y recuperar el ecosistema en pro de la biodiversidad y la protección del medio ambiente”.

Sin embargo, en el recorrido que realizó el equipo de NTR Medios de Comunicación este lunes, se constató que el espacio está descuidado, salvo las oficinas correspondientes al Centro de Educación Ambiental, donde sólo hay filas de escritorios y sillas, sin equipos de cómputo.

El 4 de abril de 2017 rindió protesta el nuevo director del área, Rafael Medina Salman, quien luego de desempeñarse como regidor en el Concejo Municipal Interino de la capital, había trabajado como secretario privado de Tello Cristerna al inicio de su administración; su nombramiento en la SAMA no se dio a conocer de manera oficial y sólo se difundió a través de su perfil personal de Facebook.

Fuera de las oficinas, donde luce un letrero que dice Ferias de Agua, lo que eran áreas verdes hoy lucen en tonos amarillentos, cafés, con plantas muertas y hierba crecida.

Los visitantes son recibidos por un lago verdoso, lleno de chapopote y casi seco, rodeado por un plástico negro viejo, junto al logo oxidado de la administración alonsista, bajo el que reza la leyenda: “Zacatecas, contigo en movimiento”.

Los hoyos en los senderos de piedras están tapados con tablas de las que sobresalen clavos viejos y la madera de las bancas está carcomida por el sol, por lo que se cae a pedazos; la falta de mantenimiento es evidente.

La mayoría de las edificaciones construidas alrededor están clausuradas, algunas con tapias y, en su interior, hay suelos inacabados, paredes agrietadas, sin conexiones eléctricas y algunas incluso con alfombras, pero polvosas; muchas se usan para guardar trebejos, sillas rotas, equipo de cómputo viejo, archivos aventados en pilas.

En las casetas de vigilancia no hay personal de seguridad; además de un velador recorre el lugar, sólo un par de trabajadores se ven caminar en el área y se entretienen en sacar basura del lago.

Y al fondo, arriba de un salón en el que se anunció que se darían cursos de educación ambiental para niños, está un vivero abandonado, con una malla verde levantada y, adentro, un montón de árboles pequeños en bolsas negras, al parecer ya secos.

 


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