ALBERTO CHIU NTRZACATECAS.COM
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Las notas recientes sobre asesinatos de mujeres, en distintos puntos del estado, llamaron la atención en su momento para que diversas instancias, públicas y privadas, elevaran la voz para urgir al gobernador del estado a emitir la declaratoria de alerta de género, como ha sucedido ya en otras entidades del país.

Y aunque algunos de esos asesinatos todavía no han quedado claramente encuadrados o tipificados como “feminicidio”, es decir, crímenes de género, sino más bien clasificados como homicidios generalmente relacionados con la delincuencia organizada, la verdad es que el problema es más grave… y visible desde hace años.

Ayer dos organizaciones de mujeres dieron a conocer un diagnóstico que debería erizarnos la piel, si no fuera porque la violencia contra las mujeres se ha convertido más bien en un hecho tan cotidiano, que se hace transparente. Al menos en 12 municipios ha incrementado la violencia física, psicológica y económica contra las mujeres, y en cambio hay 9 centros de apoyo… en donde no hay especialistas que las atiendan. Ésa es la violencia sin balas, la que sucede todos los días en la casa, en el trabajo, en la calle.

Por supuesto, hay ahí una razón de falta de recursos, pero también una de falta de cultura del respeto no sólo hacia las mujeres, sino hacia todas las personas en general. Tiene que ver con la falta de valores, con la formación familiar, la educación formal e informal, el entorno social y económico… y una infinidad de factores más.

Pero el hecho es que ayer le enviaron este mensaje al gobernador, para exhortarlo a que a través de sus dependencias detenga la violencia contra las mujeres. Todo tipo de violencia. Y no es algo que se pueda lograr de la noche a la mañana, ni con todos los recursos del mundo, ni con todo el personal, ni mediante decreto.

Hay que ser claros: le darán seis meses al gobernador para que dé resultados efectivos en cuanto a disminuir la violencia, y no creo que se puedan lograr. Así que es sumamente probable que se emita la alerta de violencia género, lo que traerá como consecuencia el que la federación nos dé (al gobierno, pues) una serie de ¡52 recomendaciones para detener la violencia de género!

Consejos y recomendaciones por aquí, denuncias sin investigar por allá, lenta procuración de justicia debido a un sistema hipergarantista, no son más que un caldo de cultivo en el que los pasos que se dan para dar la debida protección a las mujeres en su casa, en el trabajo, en las escuelas, son demasiado pocos, demasiado pausados, y totalmente insuficientes.

Ya en este momento, a pesar de que hay un presupuesto de 6 millones de pesos destinados para programas que combatan esa violencia, estas mismas organizaciones han revelado que llevan cuatro meses de retraso en su aplicación debido a que la administración de Miguel Alonso no hizo lo que tenía que hacer para aplicarlos. El cuento de nunca acabar.

Y entonces, ¿cómo carajos empezar a detener esa violencia contra las mujeres? No se puede asumir, tan fácil, que no se puede reunir a todas las dependencias involucradas, centros de desarrollo, Derechos Humanos, secretarías y direcciones, porque “es muy difícil sesionar”. Al contrario, es lo más fácil… siempre y cuando haya voluntad, por supuesto.

Ojalá el llamado hecho ayer por las organizaciones Olimpia de Gouges y Las Libres (de Zacatecas y Guanajuato, respectivamente) no sea olvidado y echado al cesto de reciclaje como ha sucedido con otras tantas iniciativas en defensa de los derechos de niños, niñas, adolescentes, homosexuales, familias… exhortos que la autoridad siempre dice escuchar y promete actuar, y que finalmente no pasa nada.

Y por supuesto, ojalá los zacatecanos, como sociedad, lleguemos a reconocer que la violencia contra la mujer en todos los municipios señalados, y en muchos más, es un asunto cultural y hasta de tradiciones que debe ir desapareciendo, tanto por la educación como por solidaridad y el compromiso social entre todos, pueblo y gobierno. No nos engañemos con una declaratoria, hay que actuar desde ya, cada quien desde casa, en el respeto a nosotros mismos y a quienes nos rodean, en la tolerancia y en la convivencia armónica. ¿Por qué será tan difícil?


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