ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM
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El reconocimiento explícito hecho por la secretaria general de Gobierno, Fabiola Torres Rodríguez, de que hay una crisis al interior de la Policía Estatal Preventiva, y por ende en la Secretaría de Seguridad Pública, me parece al menos un paso que, por pequeño que sea, podría llevar a una mediana solución del conflicto… siempre y cuando se cumplan los compromisos, se acaten los protocolos, y se eliminen las revanchas y represalias. Nada fácil.

Y es que la relación al interior de la corporación está tocada, lastimada desde la base, y no se ve sencillo que de la noche a la mañana todas las condiciones laborales se mejoren, todas las necesidades se satisfagan, y todos los elementos que se conducen inapropiadamente cambien para con sus compañeros de armas y servicio.

Pero en fin, Torres Rodríguez asegura que se sigue dialogando con ellos, que están analizando las quejas, que se les dará el trato que merecen… mientras siguen corriendo entre las filas de la tropa policiaca las versiones de que, por el contrario, algunos mandos han hecho suya la revancha y han tomado ya diversas represalias que no parecen serlo, como los cambios de turnos o servicios, asignaciones discrecionales de operación, hasta un muy incómodo “silencio autoinfligido” para no seguir provocando la ira de sus jefes.

Mientras ese diálogo se resuelve, sin embargo, hay otro problema u otra crisis que silenciosamente también está sacudiendo a la Seguridad Pública en todo el estado, y que tiene que ver con la paupérrima cantidad de policías municipales que existen en muchas de las demarcaciones de la entidad… cuando hay, claro.

Las cifras que maneja para ello el Instituto de Formación Profesional son escalofriantes: mientras antes aprobaban los exámenes para ser policía unos 16 de cada 100 aspirantes, ahora sólo aprueban 2 de cada 100. Con esos resultados, ¿cómo puede el gobierno del estado o los gobiernos municipales garantizar la seguridad de los habitantes de cada pueblo, comunidad, cabecera municipal? Es una misión casi imposible.

Mucho se ha hablado que para reforzar la seguridad, incluso se ha solicitado la cooperación y apoyo de las fuerzas federales, pero en realidad los vemos concentrados sólo en los principales municipios de la entidad, los más saturados poblacionalmente, ¿y los demás? Que Dios los acompañe, como acompañó a mucha gente inocente que se vio entre el silbido de las balas en Nochistlán de Mejía, hace apenas menos de un mes, el 18 de abril. No hubo pérdida de vidas humanas de entre la población… de puritito milagro.

Es cierto, hay una severa crisis en materia de seguridad pública que se tendrá que resolver con muchas cosas: dinero, capacitación, equipo y armamento, infraestructura, vehículos, pero lo más importante, con gente que tenga verdadero espíritu de servicio a la comunidad y compromiso con el bienestar social, alejada de los vicios y la corrupción, entregada a la protección del ciudadano común y corriente y sus familias.

¿Es mucho pedir? Sí, sin duda. De las cuestiones materiales tendrá que encargarse el gobierno mediante gestiones y mediante la correcta administración del recurso público, quizás incluso con la participación de la iniciativa privada en ese sentido.

Pero del capital humano, el más importante, ahí sí debe poner más atención incluso desde la revisión de los protocolos de captación y contratación del nuevo personal, la formación humana en ese “espíritu de cuerpo” tan necesario para que las policías actúen colectivamente con los mismos intereses, objetivos y lealtades, de manera institucional.

Más atención en las condiciones en que trabajan, pues no se trata de obreros de una fábrica o sirvientes de una clase privilegiada. Son parte de y se deben a la sociedad misma, y esta misma sociedad les reconocerá cuando vea que en realidad llevan a cabo su función lejos de intereses mezquinos dictados desde el mando superior.

Cierto, no está fácil, pero si no se resuelve pronto esta crisis, llegará otra y otra más, hasta que la sociedad se harte –o los propios policías se harten–, y nos quedemos todos en la indefensión. El tiempo corre, ojalá no se tarden mucho en solucionarlo.

 


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