ALBERTO CHIU | NTRZACATECAS.COM
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Es un hecho que la crisis financiera por la que atraviesa la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) no parece terminar en el corto ni el mediano plazo. Y quizás por eso, y porque hasta el momento la Rectoría ha sido incapaz de salir con un plan creativo que detenga la debacle en que se encuentra, ahora ha recurrido al socorridísimo recurso de estirar la mano, a ver qué cae.

Según el secretario general de la UAZ, Rubén Ibarra Reyes, el rector universitario Antonio Guzmán Fernández ya se reunió con las autoridades de la Secretaría de Hacienda para eso, para pedir, y pedir, y pedir más dinero, porque el que recibe no le alcanza, porque ya alcanzaron a ver que se les vienen encima más problemas para pagarle a sus docentes y empleados, y porque simplemente las deudas, en vez de ir disminuyendo, siguen creciendo.

Ya nos presumieron, desde el inicio de esta rectoría, que se elaboraría un minucioso plan de contingencia y austeridad, que daría como frutos sustanciales ahorros en diversos rubros, y que con eso podrían subsanar al menos una parte de la deuda… pero no es suficiente. Además, ¿cuánto es un fruto sustancial? ¿Cuánta austeridad es capaz de ejercer la Universidad a su interior?

Es hasta cierto punto gracioso –con sorna, claro– ver cómo muchos universitarios hablan y hablan y discuten y alegan sobre asuntos como la famosa venta de prestaciones que llevaron a cabo algunos de sus compañeros. O cómo tal o cual rector fue dispendioso y abusivamente avorazado a la hora de ejercer sus gastos. O cómo es que hay profesores que cobran por lo que no hacen. O cómo se han otorgado plazas innecesarias –y por supuesto, sin respaldo presupuestal– a personas allegadas a quienes en ese momento detentan el poder de la administración. O cómo incluso se han creado planteles bajo esa misma tónica, sin tener dinero para hacerlo.

Y la respuesta general es, casi siempre, la misma: primero se gasta lo que no se tiene, y ahí después que batalle alguien más para conseguir ese dinero. Ya sea el gobierno del estado, o el gobierno federal, o quien sea. Pero de amarrarse el cinturón, ni hablar. O al menos, aunque se diga en los discursos, poco efecto tienen las supuestas medidas de constricción del gasto.

Bueno, bueno, ésas son las pláticas de los universitarios. ¿Y qué más se hace desde dentro de la máxima casa de estudios para poner un punto final a las caídas financieras? No sólo una vez ha sido rescatada ya la Universidad, gracias a gestiones gubernamentales, pero parece que inmediatamente después de cada rescate, se vuelven a cometer los mismos errores o se cometen algunos otros distintos que traen el mismo resultado. Como si fuera un barril sin fondo.

Ahora, tras la renovación de la dirigencia sindical en el SPAUAZ, dice Ibarra Reyes, tendrán que ponerse a trabajar en equipo para buscarle una salida principalmente a dos temas: salarios y prestaciones. Y vaya que en ambos rubros hay críticos que aseguran que ambas cosas se han otorgado, en muchos casos, de manera descabellada, inequitativa, injusta y alevosamente.

Sí, es cierto que para encontrarle salida al problema Rectoría y sindicatos (ambos, SPAUAZ y STUAZ) deben ir todos de la mano. Pero para ello se necesita que todos antepongan a la UAZ a sus propios intereses que suelen ser desde intereses político-electorales hasta intereses personales que alimentan a grupos de poder y control al interior de la institución, y que dan como resultado desde nóminas infladas hasta una terrible opacidad a la hora de voltear a verse en el espejo. Nadie de los involucrados dice nada, porque generalmente se pisarían la cola entre todos.

Pedir no empobrece, efectivamente, y ahora veremos si la Secretaría de Hacienda nos concede generosamente alguna bolsa de recursos extraordinarios para paliar la persistente crisis financiera, pero… ¿a cambio de qué? ¿Qué creen ustedes que nos pueda pedir el gobierno federal a cambio del apoyo? Seguramente, que la Universidad cambie. Del tamaño de los cambios que haga para mejorar su productividad, su eficiencia terminal, su calidad educativa y, sobre todo, su eficiencia y optimización en gastos, salarios y prestaciones, será el tamaño de la siguiente crisis que tendrá que enfrentar.


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