EDUARDO VALENCIA
EDUARDO VALENCIA

¿A quién le importa?

Las once horas y todo sereno. El olor a comida invadía el recinto legislativo, ya que los miembros de la Asociación Estatal Resistencia Civil y Ciudadana, que llevan 103 días de plantón en el vestíbulo de “La Casa del Pueblo”, se disponían a almorzar.

Así, entre casas de campaña, cobertores, pancartas de “no al gasolinazo”, “no más sangre” y cerrados juegos de ajedrez, los miembros de la Resistencia esperan el sueño de los justos para que los diputados negocien el levantamiento del plantón.

11:46 horas, comenzó el pase de lista para los legisladores. Sin duda, el Salón del Pleno es un buen lugar para platicar, pero no para escuchar al orador en turno que se desgañita desde la Tribuna más alta del Estado.

Nadie toma en cuenta las posturas parlamentarias. No obstante que Geovana Bañuelos señalaba a la corrupción e impunidad como fuente de perversión, sus homólogos preferían  echar chal.

Y por más esfuerzos que hacía la petista señalando que ha habido hurtos, engaños y todavía así, los corruptos reciben estímulos a su nefasta labor, nada pasó.

No hubo eco y, como cada participante en las lecturas legislativas, bajó de Tribuna sin pena ni gloria. A nadie le importa.

Llama la atención a propios y extraños que el formato de la legislatura local está anquilosado, obsoleto, anacrónico y, lo peor, no hay visos de cambio, pues para la modorra está ad hoc.

Y bueno, como los disfraces son nuevos para muchos diputados, pues había que acomodarle la corbata al antorcho Tiscareño y Lyndiana Bugarín, fue la indicada.

Los representantes populares, al ser Transformers, pueden hacer de un jueves, domingo o día festivo, ya que de las treinta curules, a lo mucho se ocuparon unas 18.

Sin duda, una prueba de fuego para los diputados sería preguntarles: ¿qué dijo su compañero que acaba de hablar en tribuna?

Los lectores de iniciativas son predicadores en el desierto. Aunque, la verdad sea dicha, sin el celular y la chorcha, los “legisladores” se dormirían.

Claro, sin dejar de lado el socorrido té, por lo regular de manzanilla. Total, son pares de “La Madre de Todos los Parlamentos”, esto es, el del Reino Unido.

Sí, hay que tomar té como los Lores, claro, en este caso, más apegados a la Cámara de los Comunes.

Aunque, tal vez, los Lores no lleguen tarde a la sesión y con tremendo vaso con fruta como lo hizo la diputada priista Guadalupe Nalleli.

Ya para entonces, la perredista Elena Ortega pedía que el gobernador haga llegar, a la brevedad, el Programa de Seguridad Pública y Prevención del Delito. Insistía en que hay que poner en operación las mejores prácticas  en contra de la delincuencia.

Ello, porque hay un deterioro evidente de la seguridad pública. A nadie le importa, los diputados a lo suyo: charlar, saludarse, entrarle a las galletas, en todo, menos para lo que fueron electos, bueno, unos, porque los pluris obtuvieron el regalo de algún pariente o grupo político.

Ortega se ufanaba: El gobierno anterior mintió. La inseguridad es la crisis más aguda y no ha habido resultados… A nadie le importa.

El petista-fematista, Samuel Reveles, estaba más entretenido bajándole sus galletas al morenista, Omar Carrera.

Mónica Borrego hizo un gran esfuerzo: atravesó curules hasta llegar con el priista Carlos Peña para pedirle… ¡dulces!

Peña abrió su escritorio, al ritmo de despáchate, ya que, hay que reconocerlo, tiene un gran y colorido arsenal del placer de chicos y grandes. Ello, ¡sí les importa!


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