Emilio
Emilio

En la ciudad de Zacatecas se presume que existen varios museos de altísima calidad. Y es cierto. Son apreciables los Coronel, el Felguérez, el Goitia, el del cerro La Bufa y el de Ciencias. En verano siempre recorro las exposiciones permanentes. Voy a un museo en sábado o domingo. En cada lugar permanezco un par de horas. En otros, un poco más.

Al salir de cada recinto, es necesario seguir caminando, pues no hay espacio para el descanso o la charla. Por supuesto, no hay lugar para lunch.

Hay más, o a la inversa: hay lo menos. Los museos de la ciudad de Zacatecas no cuentan con guías especializados por obras o salas; los museos no tienen catálogos para los diletantes o los visitantes acuciosos; los museos no tienen archivos de sus propias historias; los museos no tienen actividades extra para atraer públicos.

En los siguientes días, en el Museo de Guadalupe, que es una historia seria de ofrecer un patrimonio cultural, tendrá un coloquio en el que expertos dialogarán sobre los acervos, los públicos y las nuevas formas de presentar los museos. Ojalá que lo dicho, lo propuesto, sea considerado para configurar como posibilidad cultural a los museos de la ciudad de Zacatecas.

Algo más

Conocí a Chris Cornell cuando no estaba bien visto ser un sex symbol. Él usaba playerotas guangas y rompía bocinas con su voz aguda y desgarradora. No sólo era eso, sino que el grunge que confeccionaba el recién caído era un punk maduro, con letras inteligentes que coqueteaban con el stoner, hasta que evolucionó hacia este último género. No me gustó tanto de solista, porque ese portento que vibraba en sus cuerdas bucales necesitaba de guitarreos potentes y de explosiones metaleras, por eso en Soundgarden y Audioslave el estallido de la letra forajida y el sentimiento impetuoso del que se rebela y hace volar el mundo a cambio de un abrazo, fue su mejor tempo. Dice mi amigo, Gabriel Barragán, erudito del rock, que pervivió en Cornell la idea del suicidio, debido a que el más grande de sus camaradas acabó con su vida inexplicablemente, en la década del noventa.

Cornell se suicidó antenoche, en el baño de un hotel, en la ciudad donde fabrican más carros en el mundo. Afortunadamente, el flaco ya era inmortal.


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