EDUARDO VALENCIA
EDUARDO VALENCIA

Ahora sí había buen ambiente en la Legislatura. El sonido local se discutía con cumbias, sobresaliendo, Los Ángeles Azules y suelta, el listón de tu pelo… pero, comenzó la sesión.

Espacio en el que quedó un tufo de sospechosísimo sobre la donación de un terreno a favor de la petista Magdalena Núñez Monreal, ya que el voto mayoritario fue del PRI-Verde.

Se arrancó con 19 diputados y a nombre de los priístas, el antorcho Tizcareño dejó en claro que “aunque no lo crean, pensamos”.

En tanto, los abnegados miembros de los medios de comunicación se acomodaban en el espacio de la ignominia, donde los diputados los echaron hace ya varios años y que se encuentra más sucio que un ruta 9, sin que dijeran esta grabadora es mía.

Se dio paso a las consabidas lecturas, mientras se daba un cónclave entre los PRI-Verdes, Isadora Santiváñez, antorcho Tizcareño, Carlos Peña, Gustavo Uribe y Guadalupe Flores.

Y pese a que estaban platicando, acordando, negociando, en fin, la semántica es amplia, a unos centímetros de la curul del panista Carlos Alberto Sandoval, éste ni se inmutaba ya que lo suyo, lo suyo es estrujar, bueno, saludar, edecanes.

Y como cada diputado trae su fiesta, la de la priísta Norma Castorena sigue siendo “la calor” porque lo mismo le da un folder, el orden del día o cualquier tarjeta para abanicarse. Y como ya saben que Lord dulces es Carlos Peña, pues Omar Carrera de Morena llegó directo a la tiendita por sus chicles.

¡Ah!, los lectores de iniciativas seguían en tribuna. Una asistente peinaba a Guadalupe Adabache de Morena, -quien, dicho sea de paso, sí es enemiga del peine- para tomarle unas fotos posando en su curul.

Así las cosas, el punto siete del orden del día, que constó de 20, fue aprobado sin discusión, ya que era a favor de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Para ese entonces, ya estaban 25 diputados en el pleno.

La pregunta de algunos de los presentes fue que si los diputados, antes de la sesión, se aprenden de memoria las iniciativas, ya que votan sin estar poniendo atención al ponente.

Para variar, el diputado migrante Felipe Cabral hablaba, pero los demás, en sus muy particulares rollos: los Morenos, Oso, Omar, Niña y Mónica en plena chorcha, tanto, que la asistente de Mónica Borrego ocupaba su curul, lo cual va en contra del reglamento.

Geovanna ya cabildeaba con Adolfo Zamarripa, del Verde; de ahí se pasó con el también petista Samuel Reveles, así como con la priísta Lyndiana Bugarín, o, tal vez, por haberse ausentado varias sesiones, extrañaba a sus compañeros.

Tan andan fuera de lugar que de la nada la Morenista Adabache dijo: “a favor”, a lo que Julia Olguín, desde la mesa directiva soltó un: “a favor de qué”.

Ello porque no se había discutido el exhorto a la SRE para que la normatividad al expedir la matrícula consular considere como requisito de identificación a dos testigos oriundos del mismo municipio, que posean su matrícula vigente.

Los diputados andaban muy inquietos. Bolitas por aquí, bolitas legislativas por allá… Geovanna ya platicaba con los priístas Roy Barragán, Uribe, Isadora y Carlos Peña.

El punto de desencuentro se dio cuando fue aprobada por 12 votos a favor y 11 en contra, la enajenación de un bien inmueble, ubicado en Colinas del Padre, a favor de la Unión Integral de Trabajo Organizado AC, que encabeza la petista Magdalena Núñez.

Los priístas defendieron con vehemencia y la oposición pugnaba porque se regresara el dictamen a comisiones.

Ante ello, la perredista Elena Ortega aseveró que un gran patrimonio público se está afectando y “aunque Magda encabeza, no hay ningún prejuicio en contra de ella, pero sí nos hace ruido porque sabemos que desde Palacio de Gobierno tienen otra óptica”.

A lo que el antorcho Tizcareño adujo que nos acusan de no tener pensamiento propio. Nos ven como titiriteros… títeres, perdón. Si quieren cobrar venganza, es cosa suya.

En la atmósfera legislativa quedó la duda en cuanto a que si era el pago a Magda por no haber declinado a su candidatura a la gubernatura en 2016. El fantasma del pago a sus servicios, permeó.

En el recinto se dejaba escuchar el barullo o cualquiera de sus sinónimos: follón, jaleo, alboroto, algarada, barahúnda, escándalo, ruido, tumulto, desorden, embrollo; llámele como quiera, pero se dejaba sentir.

Andaban muy inquietos, tal vez porque horas más tarde recibirían a Norma Julieta del Río, titular del instituto de transparencia para que hablara sobre la nómina secreta.

O porque se preguntaban cómo sería el encuentro con Julia Olguín, ya que Norma Julieta, cuando fue contralora, la persiguió seis años y no la alcanzó para fincarle responsabilidades.

Es más, si ha habido maestra frente a grupo, los saca a todos del salón, bueno, menos a Iris Aguirre que se hunde en el sillón de la secretaría de la mesa y no se deja ver, aunque, bueno, bien oculta su rostro con sus lentes.

En asuntos generales, Mónica Borrego abordó el tema de los albinos y los que menos caso le hicieron fueron sus compañeros de bancada, Luis El Oso Medina y Omar Carrera, total, ellos son Morenos.

No hubiese estado mal que a todos los diputados les dejaran las rolas que se escuchaban antes del arranque de la sesión, sobre todo, la parte de: “Olvida la vanidad, el orgullo déjalo afuera”…


Nuestros lectores comentan

  1. En pocas palabras Lalo Valencia: hacen que trabajan y cobran las perlas de la virgen. Lo predominante es que no pierden de vista a cual más beneficio puedan sacar para sí.