Emilio
Emilio

La vigésima edición de las Jornadas Lopezvelardeanas concluyó con la entrega del Premio Iberoamericano de Poesía a la escritora chiapaneca Elva Macías. Estos eventos, como pocos de los que fomentan las autoridades gubernamentales, me han dejado un grato recuerdo: hubo poesía y lectura de poemas con calidad. Cito los nombres de los poetas lectores: Renato Tinajero, Christian Peña, Jorge Chávez y Javier Acosta (ellos Premio Nacional de Poesía Aguascalientes); y, Yamilet Fajardo, Verónica González Arredondo, León Plascencia y David Castañeda (ellos Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde).

Hubo paneles de ensayistas lectores con Blanca Estela Treviño, Antonio Cajero e Israel Ramírez (Seminario de Estudios Lopezvelardeanos); y Sofía Ramírez, Armando Adame y Eudoro Fonseca (mesa López Velarde en Tierra Adentro).

El panel que más me atrajo fue donde los jóvenes premios López Velarde leyeron su obra. De manera alternada, leyeron en diálogo con poesía, Yamilet, Verónica, León y David. He de ser sincero: repasaron los fragmentos que a mí me gustan. Una anécdota: un adulto mayor se acercó a los escritores para pedirles firmaran sus libros editados por la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Yamilet, tan propia con su elegante cabellera de pelo lacio negro y con esa voz nada dulce: dijo: “Mi hermano se llama Benjamín por las mañanas; / Carlos Federico por las noches. El humo / de cigarro le da un aire de Roberto; el humo/ que lo peina Baltazar…” [La caja de cerillos, UAZ, 2014].

Ella pasó el micrófono a David. Éste advirtió que traía obra reciente, pero prefería leer Un hombre, una mujer y un mirlo [UAZ, 2016]. Así lo hizo: “Decidí pintar la casa de azul aguamarina con blanco, o blanca con algunos detalles azules, como el pueblito que está a las orillas de una playa griega… Si la casa fuera azul o blanca vendrían más pájaros porque la sombra de una pared azul es fresca. A las cuatro de la tarde vendrán los mirlos a refugiarse del calor”. Su lectura tranquila y la sencillez de su voz colaboraron para notar el cambio de tono y estilo.

Verónica leyó poemas nuevos. Lo hizo en hojas dobladas. Más suelta, remedando lo rítmico pop de la Trevi. También ojeó Ese cuerpo no soy yo [UAZ, 2015].

 

Algo más

Bueno, siendo cultura, de la poesía de altura de Chiapas y López Velarde se pasa a los cantores de corridos de charros y amores.


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