SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“La gente tiene más miedo del comercio, está más ansiosa acerca

del futuro y más frustrada con el gobierno que nunca”.

Penny Pritzker

 

Penny Pritzker fue la oradora principal de la ceremonia de graduación de la prestigiosa Escuela de Graduados de Negocios de Stanford este pasado 17 de junio. Pritzker era una buena selección para la responsabilidad. No sólo obtuvo un MBA en esa escuela en 1985, sino que trabajó con éxito en los negocios de su familia (los Pritzker fundaron la cadena Hyatt de hoteles) y se desempeñó como secretaria de comercio del presidente Barack Obama.

En su discurso Pritzker retomó algunos de los temas que los demócratas han enarbolado en sus cuestionamientos a Donald Trump. Habló, por ejemplo, de la necesidad de “construir puentes y no muros”. También señalo que la Fundación Pritzker, la misma que otorga el premio de arquitectura más respetado del mundo, ha establecido una beca para Dreamers, los inmigrantes indocumentados que llegaron a Estados Unidos cuando jóvenes y no conocen otro país.

Pritzker dijo que buscó como secretaria fortalecer “el comercio con México”. Se refirió a la inauguración en 2015 de un enlace ferroviario fronterizo entre Brownsville y Matamoros, “el primer nuevo cruce de ferrocarril en un siglo”. Pero la ex secretaria se abstuvo de usar la palabra NAFTA.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte tiene pocos amigos en estos tiempos en los círculos políticos estadounidenses. Muchos conocen los beneficios que ha traído y no quieren echarlo a perder, pero en los discursos el nombre NAFTA está vedado. Se le considera un término tóxico.

Donald Trump ha descalificado el TLCAN como “el peor tratado comercial jamás firmado por cualquier país en cualquier momento”. Durante su campaña de 2016 dijo que lo enmendaría, para eliminar el superávit comercial de México, o retiraría a Estados Unidos. Poco o nada le interesó que un presidente republicano, Ronald Reagan, lo haya promovido y otro, George Bush, padre, negociado y rubricado. Hillary Clinton, la rival demócrata de Trump, se negó a defender el tratado, que dijo “no había cumplido las expectativas”. No le importó que su marido Bill Clinton lo haya echado a andar en 1994.

Barack Obama mostró siempre cautela política ante el TLCAN. Nunca llegó al extremo de Trump, o Bernie Sanders, de pedir la abrogación del tratado. Los miembros de su gobierno eran suficientemente inteligentes para entender que el comercio ha beneficiado a los países signatarios; pero se daban cuenta de que hay un rechazo entre la población hacia el acuerdo, sobre todo porque se le identifica con México, en un momento en que han surgido viejos miedos y desprecios a los mexicanos.

La entonces secretaria de comercio Pritzker no participó en las celebraciones por los 20 años del NAFTA en 2014. No quería que su nombre y el del gobierno de Obama se asociaran con el acuerdo. La posición del gobierno era hablar de integración o comercio con México, pero evitando siempre el nombre tóxico de NAFTA.

Hoy está a punto de comenzar la renegociación del TLCAN. Trump quiere cumplir con su promesa de campaña de echar para atrás el injusto tratado que ha permitido que México se aproveche de los débiles Estados Unidos. Sus propios asesores, sin embargo, saben que eliminar el TLCAN sería un desastre no sólo para México sino también para Estados Unidos. Lo sabía también Pritzker, quien hoy se precia de levantar puentes antes que muros, cuando antes se negaba a que se le identificara políticamente con NAFTA.

 

Espionaje ilegal

Un reportaje del New York Times afirma que el gobierno de Peña Nieto utilizó un software avanzado para espiar a representantes de Ayotzinapa, a periodistas como Carmen Aristegui y Carlos Loret, y a activistas como Juan Pardinas. De confirmarse, ese espionaje sería ilegal.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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