ERIK FLORES | NTRZACATECAS.COM
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Zacatecas.-,Durante prácticamente todo el año, en el territorio zacatecano se conjuntan la religiosidad, la filantropía y la gastronomía para retribuir las bienaventuranzas otorgadas por santos patronos y divinidades.

Sean católicos o de otras religiones, los comensales se reúnen en un templo o un altar colocado en domicilios particulares para, después o antes del rezo, según sea el caso, saborear, como platillo básico, sopas de pasta, arroz, frijoles, asado y tortillas. Y según las posibilidades, también se ofrece reliquia líquida, como menudo, caldo loco, pozole y birria.

En otras latitudes, quienes organizan el ritual de fe ofrecen alimentos consistentes en caldos picantes, como pozole, menudo o tortitas en líquido caliente, adicionado con verduras, carne de puerco, pollo, cabra o del ganado propio del lugar.

Como un acto de bondad y de misericordia, el mayordomo, apoyado por los ramilletes, pide limosna para reunir los insumos del gran banquete y, el día programado, dar de comer al hambriento, con lo que se cumple el compromiso de agradecimiento e imploración al santo de la devoción, que actuó ante una situación de riesgo o de enfermedad, por cumplirse un deseo o por seguir con vida.

Estado rendido a santos

En la mayor parte de los 58 municipios de Zacatecas, cada año, en barrios, comunidades, rancherías o en la capital, se venera a distintos santos y divinidades, como San Judas Tadeo, San Juan Bautista, San José, Sagrado Corazón de Jesús, Virgen de Santa Teresa, Niño Doctor, Inmaculada Concepción, San Sebastián y Virgen de la Candelaria.

También se rinde culto a la Santa Cruz, San Antonio Labrador, Virgen de Fátima, Santa Rita de Casia; San Pedro y San Pablo, Virgen del Perpetuo Socorro, Virgen del Refugio, San Antonio, Santiago Apóstol, Santa Ana, Virgen del Carmen, San Ignacio de Loyola, San Cayetano, Virgen de los Dolores y Virgen del Patrocinio.

Al finalizar el año se venera, entre otros, a San Francisco de Asís, Santa Teresa, Santa Cecilia y a la Virgen de Guadalupe, como las máximas festividades en las que convergen las celebraciones eucarísticas, las danzas de matlachines, la pólvora, la música y la gastronomía, y muchas veces se empalman con las fiestas patronales y comunitarias.

Este 23 de junio se festejó al Sagrado Corazón de Jesús en el Templo Expiatorio que lleva su nombre, en la capital.

La fiesta inició por la mañana con la entonación de Las Mañanitas, para dar paso a la misa, danzas y, como el momento más esperado, en el callejón Josefa Ortiz de Domínguez, el reparto de reliquia, consistente en suculento asado, acompañado por sopas de pasta y arroz, y agua fresca de piña y guayaba.

Mientras tanto, la avenida Juárez fue cerrada a la circulación vehicular y fue invadida por comerciantes de comida típica y antojitos, como enchiladas, tacos, tamales, pozole, buñuelos, tortas, elotes, pasteles, atole y galletas.

Retribución a favores

Hace ocho años, Lorena Reyes Hernández, originaria de la comunidad Chupaderos, Villa de Cos, se encomendó al Sagrado Corazón de Jesús para que devolviera la salud a su papá, Inocencio Reyes, quien enfermó de neumonía.

Tras aliviarse su padre, esta mujer de 47 años se ofreció para cocinar la reliquia que se reparte, desde 2001, en el dispensario del Templo Expiatorio, en la capital. La organización religiosa costea el banquete.

Orgullosa y agradecida, Lorena Reyes comentó que don Inocencio cumplirá 100 años el 28 de diciembre y goza de plena salud. Por ello, cada año acude con gusto con las ollas, cazuelas y vaporeras llenas de comida para darla a aproximadamente 500 personas, que provienen de Calera, Morelos, Guadalupe, Zacatecas e inclusive de algunas ciudades de Estados Unidos.

Tradición viva

Para Rosalba Márquez García, maestra en Humanidades y doctora en Historia por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), la reliquia representa un don y un tipo de obsequio que se otorga a la comunidad como una demostración de gratitud por las bienaventuranzas recibidas durante el año, y son costeadas por un individuo, una familia o un colectivo.

Esta práctica forma parte de la cocina tradicional mexicana y se ejerce bajo un modelo cultural muy completo, pues comprende actividades agrarias, prácticas rituales, conocimientos prácticos antiguos, técnicas culinarias, costumbres y modos de comportamiento comunitarios ancestrales.

La integrante del Cuerpo Académico Historia, Cultura y Sociedad en Hispanoamérica desglosó que en la comunidad, barrio, ranchería, ejido o ciudad, se rifan, no por obligación, sino por devoción, las responsabilidades para hacer la reliquia, por lo que se establece un sistema de mayordomías, sobre todo en el norte del estado.

Este mayordomo o administrador pide limosna, que puede ser en dinero o en especie, como es la cosecha de chiles, granos o ganado. En la época colonial, la gente pudiente otorgaba este manjar como símbolo de bondad hacia los pobres para reconfortar su alma, a la vez que le generaba prestigio y votos de gratitud de la muchedumbre.

Rosalba Márquez asentó que aunque en estos tiempos se están perdiendo ciertos elementos de la fiesta religiosa, como los coloquios, que representan teatralmente la vida de los santos, la reliquia sigue viva, gracias a que el sistema de mayordomía permite pasar la estafeta, los objetos, enseres e imágenes que conforman este patrimonio, lo que también une lazos entre las localidades.

Sin embargo, subrayó que las nuevas generaciones no entienden a cabalidad el arraigo religioso de esta actividad, pese a que participan en la elaboración de los alimentos que da la tierra, como el chile, el maíz y el frijol.

Las investigaciones de Rosalba Márquez apuntan a que, al considerarse a Zacatecas como civilizadora del norte, por su condición migratoria, la reliquia tiene impacto en algunas entidades y ciudades, como Saltillo, Coahuila, y Monterrey, Nuevo León, e inclusive en Estados Unidos, por lo que, al no poder acudir a su tierra natal, se llevan consigo las imágenes de los santos y en esos lugares hacen la fiesta, con la adecuación de los alimentos que ahí se producen.

Orgullo zacatecano

De acuerdo con Leticia Ivonne del Río Hernández, docente e investigadora de la Unidad Académica de Historia de la UAZ, las reliquias, lejos de perderse, en Zacatecas se preservan porque no son algo exótico, que no se pueda tocar, sino que forman parte de una tradición que sigue viva porque actúan de generación en generación, ya que en su elaboración participan niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Comentó que las reliquias, aparte de ser un motivo de agradecimiento y de fe, también sirven para la convivencia entre las familias y los pueblos, por lo que se disipan diferencias y enconos con esta celebración, en la que convergen la religiosidad, la bondad y la rica gastronomía del estado.

La integrante del Cuerpo Académico Historia Cultura y Sociedad en Hispanoamérica, se necesita que la gente se enorgullezca de lo nuestro, de nuestro chile, de nuestro ajo, de nuestro frijol, de nuestro maíz, que sepa que la comida hecha con estos productos es la aportación que da México y, especialmente, Zacatecas, a la humanidad, porque, pese a que aquí se extraen metales como la plata, el dinero se va, pero se queda la gastronomía.

Leticia Ivonne del Río resaltó que las cocineras de los pueblos y de las comunidades están enseñando a comer sano, pues aparte de que los productos del campo zacatecano son baratos y nutritivos, son muy sabrosos. Entonces, añadió, el reto es conocer las recetas, conservarlas y difundirlas como una oferta cultural y turística, como detonante de la economía y preservación del patrimonio inmaterial.

Oferta al mundo

Para Sol Rubín de la Borbolla Argueda, vicepresidente del Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, las reliquias son una de las inmensas variedades de la cocina mexicana, que engloba el maíz, el chile y el frijol, productos que México, y en especial Zacatecas, ofrece al mundo.

Recordó que la amplia gama de alimentos que se pueden elaborar con estos productos y su vigencia valieron para que la cocina tradicional de México fuera considerada, desde 2010, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, en inglés).

Borbolla Argueda recalcó que la cocina del pueblo mexicano atraviesa todas las capas sociales como una tradición ancestral, pues tiene características únicas, porque nace aquí, no llega de otros lugares del mundo, y aunque con el tiempo existen influencias de otros países, éstas se absorben.

La maestra en Antropología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) asentó: “México ofrece al mundo el maíz, el chile y el frijol, elementos básicos de la cocina tradicional, que tiene como valor la conservación de la tradición ancestral, la continuidad histórica, la vigencia de las técnicas, que conlleva a recuerdos simbólicos, basados en la gran diversidad natural, que deriva en una diversidad cultural”.


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