Alberto Chiu
Alberto Chiu

Tomando como base las respuestas a un montonal de solicitudes de información enviadas a los congresos de cada estado del país, además de revisar las páginas de Internet de estos poderes, y analizar datos de cuentas públicas en portales de transparencia, este lunes el Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) publicó su “Informe Legislativo 2017” y, ¿qué creen? Pues sí, que en Zacatecas nuestros flamantes diputados se gastan la mayor parte de los recursos públicos en servicios personales, cualquier cosa que ello signifique.

Es común escuchar reclamos sociales acerca de que los diputados ganan cantidades enormes de dinero; que muchas veces el dinero que les destinan para el pago de asesores no lo destinan a ese rubro, sino que se lo quedan ellos; que las famosas “herramientas legislativas” sólo sirven para engrosar sus carteras personales; y por supuesto, que cuando hay alguien que busca ayuda de ellos (económica, claro), rara vez tienen para entregar.

Reclamos como éstos se basan, sobre todo, en la comparación de lo que dicen hacer con lo que se dice que ganan. Es decir, que la gente por lo general percibe que cobran demasiado y hacen demasiado poco… o nada productivo. Y que la productividad legislativa, la generación de marcos normativos adecuados a la realidad y a la sociedad actual, es mínima pues pasan la mayor parte del tiempo en diatribas partidistas, o en iniciativas insulsas, o simplemente en la permanente negocia política con el Ejecutivo, quién sabe con qué fines.

Además, tal como lo señala el estudio del IMCO, la información disponible es limitada en muchos casos, y en otros, no es lo suficientemente clara para entender cómo es que se distribuye y ejerce el presupuesto que año con año se asigna a la cámara local de representantes populares. Con todo y que aquí ya se hable constantemente de transparencia, me parece que faltaría todavía esclarecer más -en beneficio de la sociedad- a dónde van a parar esos recursos que aportamos todos por la vía de los impuestos.

Ya sea que llueva, truene o relampaguee, esta semana estarán terminando nuestros diputados su periodo ordinario de sesiones de manera formal, y aunque luego realicen un par de sesiones extraordinarias (porque ya les anda para sacar iniciativas que se les quedan pendientes y todo lo avientan a la última hora), la percepción de la gente sigue siendo la misma: poco trabajo por mucho dinero.

Ahora bien, si como dice el documento del IMCO, los diputados destinan prácticamente el 60 por ciento de los más de 288 millones de pesos a “servicios personales”, no estaría mal que alguno de ellos nos explicara, a detalle, en qué consisten esos servicios que, me imagino, deben incluir los pagos de telefonía celular, tal vez alimentación, quizás gastos médicos, no sé si automóviles o algún otro medio de transporte como el pago de boletos de avión… bueno, hasta la compra de vestimenta podría estar ahí. Son dudas que ojalá algún diputado transparente pudiera explicar.

Pero es que miren que ganar -según el mismo estudio- la friolera de 95 mil pesos al mes, no es cualquier cosa para nadie, y luego por eso también se asienta cada vez más en la sociedad la idea de que en realidad pelear una candidatura para ser diputado local no tiene, ni de lejos, el objetivo de representar a un sector poblacional, sino simple y sencillamente hacerse de una buena lana sin tanto esfuerzo, sino más bien navegando en las aguas de los acuerdos políticos, llevado por los vientos de las conveniencias partidistas y, a veces, impulsados por el combustible que representan unos cuantos miles de pesos por debajo de la mesa. Dicen.

Así las cosas, nos encontramos con legislaturas en las que la mayoría oficialista lo es todo, en las que los designios del Ejecutivo se ejecutan a pesar de las voces de oposición que siempre acaban siendo minoría, y en las que se cumple con agendas de partido más que agendas ciudadanas reales. Es decir, que nos topamos con representantes populares que no nos representan. ¿Se parece la de Zacatecas a una de esas? Es pregunta…


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