SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“La competencia es el mejor amigo del consumidor”

Moshe Kahlon

 

Los legisladores dicen que su único interés es “defender los derechos de los pasajeros”, pero lo que buscan en realidad con las reformas a la Ley de Aviación Civil es ayudarse a sí mismos. El resultado de estas reformas, y del inicio de una persecución en contra de las aerolíneas por Profeco, será un aumento en los pasajes.

Las reformas castigan en México prácticas habituales en la aviación internacional, particularmente en las aerolíneas de bajo costo, tan populares en países con mayor libertad económica. Esto ocurre, por ejemplo, con el cobro por las maletas. Las aerolíneas que más éxito han tenido en los últimos años han dejado de ofrecer servicios “gratuitos”, como alimentos y bebidas o la documentación de equipaje, para bajar precios. En México nuestros políticos quieren eliminar esta opción por decreto. Esto no ayuda al consumidor.

Las nuevas disposiciones, publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 26 de junio, obligan a las aerolíneas a transportar, “sin cargo alguno, veinticinco kilogramos de equipaje”, lo cual viola la libertad de precios y constituye un ataque directo a aerolíneas como Volaris o VivaAerobús que han adoptado el esquema de bajo costo. Los legisladores también determinaron que “el pasajero podrá llevar en cabina hasta dos piezas de equipaje de mano”. Nuevamente se ataca a las low cost, que han decidido cobrar por separado el equipaje de manos con el fin de ofrecer un precio más bajo al público.

Otra medida es determinar que el pasajero podrá pedir la devolución de su dinero 24 horas después de la adquisición, por lo que uno que compre un boleto con un día de anticipación puede cancelar y pedir la devolución en el último momento, dejando a la aerolínea sin posibilidad de vender el asiento. Los legisladores también han establecido multas por demoras y cancelaciones de vuelos.

Como estas reglas violan las prácticas internacionales, resulta que ahora una aerolínea tendrá la libertad de cobrar por una maleta en un vuelo de Los Ángeles a México, pero no en el regreso.

Algunas reglas son al parecer positivas. Obligar a las aerolíneas a informar sobre las causas de las demoras, por ejemplo, parece correcto. También lo es establecer que si un vuelo se demora más de cuatro horas se considere como cancelado y el pasajero pueda pedir el rembolso, ya que en muchos casos una demora tan larga hace que desaparezca la razón del vuelo.

La nueva legislación, sin embargo, no prohíbe la sobreventa, una molesta práctica internacional que no existe en otras actividades, donde el proveedor no puede negarse a proporcionar el servicio pagado con el argumento de que lo vendió a demasiados clientes. Interjet, cabe mencionar, no incurre en sobreventa.

Las nuevas disposiciones elevarán los costos de operación de las aerolíneas, lo cual se traducirá en un aumento en los pasajes. Además, unos pasajeros tendrán que subsidiar a otros. Al hacer obligatorio el transporte de equipaje sin cobro, por ejemplo, los que no llevan maletas estarán pagando el costo de quienes sí las llevan. Injusto.

Los legisladores viajan en avión constantemente y por eso toman estas medidas. No se preocupan por emitir reglas similares para los autobuses porque no los usan. No les afecta que suban los precios, porque sus pasajes los paga el contribuyente, pero sí les molestan los retrasos. En otras palabras, ésta no es una reforma para los consumidores, sino para nuestros sufridos legisladores.

 

Profeco al ataque

Al día siguiente de promulgarse las reformas, Profeco aplicó multas por 22.4 millones de pesos a las aerolíneas. Castigó en especial a Aeroméxico por su programa de viajero frecuente, ya que argumentó que exentar a los miembros del Club Premier del pago de maletas era un acto discriminatorio.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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