Tomás Mojarro
Tomás Mojarro

“¡Y en pleno Paseo de la Reforma!”, clama, ante la Marcha del Orgullo Gay del domingo anterior, la intolerante  moralina. Mis valedores: aclaré ayer ante ustedes que fue hace un año por estos días cuando la activista Laura Victoria me hizo llegar las siguientes reflexiones acerca de dogmas, prejuicios, discriminación y violencia contra la preferencia sexual distinta. Transcribo tal cual:

Aunque el estudio de la sexualidad humana está aún lejos de considerarse un conocimiento completo, se han logrado significativos avances en cuanto a las particularidades, identidades y preferencias de la población LGBTTTI. Respecto a los tres primeros grupos: Lesbianas, Gays, (ambos grupos humanos homosexuales) y los Bisexuales se distingue en ellos que es su preferencia o atracción. Trans, palabra que actualmente engloba a las personas travestis, transgénero y travestissexual, lo que determina su condición. En ellos no se encuentra disgusto o contrariedad por su aspecto biológico, si son hombres se identifican y aceptan sin problemas como tales, pero sienten una atracción sexual hacia los hombres. Un hombre gay tiene una identidad de género masculina. Él es atraído por varones que también tienen una identidad de género masculina, y que a su vez son atraídos por él porque es un varón. Lo último que quisiera en este mundo un hombre gay sería cambiar de sexo para convertirse en mujer. Hacer esto sería un acto autodestructivo de proporciones catastróficas debido a su identidad de masculina de género y a su amor por la masculinidad, tanto en sí mismo como en sus parejas.

Igual es en el caso de las lesbianas; no tienen alguna objeción hacia los caracteres biológicos con que nacieron, pero su atracción es hacia las mujeres. En el caso de las personas Bisexuales opera exactamente el mismo patrón; sean mujeres u hombres de nacimiento se aceptan tal cual, pero gustan y sienten atracción física y sexual de una manera indistinta hacia mujeres u hombres.

En el caso de las personas Travestis, Transgénero y Transexuales las cosas cambian tal vez  poco o mucho. La diferencia fundamental entre este grupo y los tres anteriores está en la Identidad de Género. Esta se refiere a cómo se identifica la persona, si como hombre o como mujer, la forma en que se reconoce y se percibe a sí misma, basando su conducta y su forma de ser y pensar el género con el que se siente identificada la persona, todo esto indistintamente de su sexo, orientación sexual, edad, nivel socio-económico, etc., ello significa que todos tenemos una identidad de género.

Una persona travesti es, quizá, un puente entre las lesbianas, los gays y los bisexuales, ya que en muchos de estos casos son personas que están de acuerdo con sus caracteres sexuales pero, dato importante, eventualmente, y sólo eventualmente, gustan de vestirse, comportarse y mostrarse con las características del sexo opuesto. Son hombres, por lo general, porque aunque existe el travestismo en las mujeres, socialmente se tolera sin dificultad que ellas traigan el cabello corto y usen pantalones o camisas. Las más de las veces pasan inadvertidas.

Hay que poner de relieve que muchos hombres travestis en realidad son transgénero, pero debido a  sus circunstancias familiares, laborales o sociales, prefieren esconder su condición, dado que estarían en riesgo de ser rechazados por sus familias y amigos, perder su empleo, su status, etc., y usan el travestismo como una forma compensatoria e invisible de poder vivir aunque sea por unas horas su identidad propia. Qué más les queda por hacer.

(Estas reflexiones finalizan mañana.)


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