Alberto Chiu
Alberto Chiu

¿Corrupción en el gobierno? Quizás suene a dicho popular, o a crítica malintencionada, o incluso a algunos les parezca simplemente una especie de campaña de desprestigio enfilada hacia el gobierno en turno en el estado, pero los resultados dados a conocer por el Inegi en su Encuesta Nacional de Calidad Regulatoria e Impacto Gubernamental en Empresas (Encrige), son fríos y devastadores.

Esta encuesta, en la que participan las empresas locales, establecidas formalmente en la entidad, revela que en casi 9 de cada 10 actos en los que la iniciativa privada tiene que llevar a cabo algún trámite o solicitud o pago ante el gobierno del estado, se da algún hecho de corrupción. Igual puede ser la entrega de un soborno, que el uso de “influencias” para evitar tramitologías, que la participación directa o indirecta de funcionarios para beneficiar a alguna empresa favorita… y de paso beneficiarse.

En pocas palabras, el Inegi reporta que, según esta encuesta, Zacatecas está considerado entre los estados con “uno de los niveles más altos de percepción de vicios durante trámites ante la administración pública”. Se entiende el porqué de la percepción, si uno ve cómo se hacen las cosas en las oficinas gubernamentales.

Para un gobierno que sigue presumiendo su transparencia, me parece que al conocer estos resultados lo que falla aún es simplemente uno de los valores fundamentales del servicio público: la honestidad. Y el hecho de que algunos funcionarios corruptos (porque estoy seguro de que no lo son todos, hay sus honrosas excepciones) persistan en estas prácticas, es precioso caldo de cultivo para que la imagen del gobierno ante las empresas sea por demás denigrante.

Con cierta regularidad incluso vemos cómo, a través de sus diversas instancias de capacitación, la administración estatal ofrece, a diestra y siniestra, cursos a sus empleados para que atiendan mejor a la población en general, tanto a quienes son personas físicas como a las personas morales o empresas.

Constantemente vemos, también, cómo en el discurso oficial se entregan resultados acerca de la agilización de trámites, la disminución de ciertos requisitos, el facilitamiento de papeleos para que las empresas puedan iniciar o continuar sus operaciones de manera más eficiente, dejando atrás engorrosos lleva-y-trae de información y formatos que, a la postre, desincentivan a la iniciativa privada.

Sí, la encuesta lo menciona también así, de modo que podría resumirse en un par de conceptos: el estado de Zacatecas ha avanzado bien en el tema de la desregulación para las empresas, ahora hay mayores facilidades para ellas… pero la corrupción sigue presente en los poquitos trámites que queden vigentes. ¿Cómo no desencantarse?

Mientras que en el promedio nacional 561 empresas de cada 10 mil reportan haber sufrido o padecido algún acto de corrupción por parte de funcionarios y servidores públicos, en Zacatecas el promedio es de ¡984 por cada 10 mil empresas! Casi el doble de la tasa del país.

Luego muchos piensan que la corrupción está presente cuando, por ejemplo, en las grandes obras públicas se “arreglan” los contratos para que cierta empresa privilegiada se quede con la chamba, a cambio de jugosos diezmos o moches para ciertos funcionarios. Pero la realidad que nos deja especular la encuesta del Inegi es peor: la corrupción puede estar desde el primer oficinista que recibe una solicitud, hasta el más alto nivel gubernamental. Y eso sólo puede ser un reflejo de que, en términos de “salud institucional”, nuestros gobiernos están bastante enfermos.

La pregunta del millón de dólares, como quiera que sea, sigue siendo la misma: ¿quién se encargará de parar esta corrupción, y a partir de cuándo verán las empresas -o los ciudadanos en general- que efectivamente se está combatiendo, y se sanciona a los corruptos? Sigue en el aire, y contrastará con los discursos que hablan de “trabajar diferente”, sobre todo cuando se tienen los mismos resultados, es decir, que las empresas -y ciudadanos- sigan padeciendo por la corrupción y la impunidad de quienes tienen el poder temporal.


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