SERGIO SARMIENTO
SERGIO SARMIENTO

“Nunca te arrepentirás de la palabra que no digas”

Anónimo

 

El presidente Enrique Peña Nieto se reunirá mañana con Donald Trump, el presidente estadounidense, en el marco del G20 en Alemania. El encuentro tendrá un perfil bajo. “Es una reunión en la que no esperamos que haya grandes acuerdos -según el canciller mexicano Luis Videgaray-. No esperamos que se resuelvan diferencias sustantivas”.

No es común que la Secretaría de Relaciones Exteriores busque reducir las expectativas de una reunión entre mandatarios, especialmente con el presidente de los Estados Unidos. Por lo general el más nimio de los encuentros es presentado con bombo y platillo, pero en este caso la cautela es sensata. Trump es demasiado imprevisible. Lograr acuerdos con él en lo personal es muy difícil porque en el momento más delicado suele salir con una ocurrencia que echa todo para atrás. Es más fácil avanzar en temas concretos con los miembros de su gobierno. A pesar de todos los cuestionamientos, los altos actuales funcionarios estadounidenses, con o sin experiencia en la función pública, resultan más razonables al negociar que el presidente Trump.

El Congreso, las empresas privadas y el gobierno de los Estados Unidos están preparando ya sus propuestas para la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte que debería empezar en agosto. La actitud de legisladores, empresarios y funcionarios es más positiva hacia el tratado que la del mandatario. Si hubiera un esfuerzo por tratar de llevar la reunión entre Peña Nieto y Trump más allá de lo meramente protocolario se correría el riesgo de provocar un enfrentamiento público que envenenara toda la renegociación.

La tensión que rodea la preparación de la renegociación del TLCAN ha tenido ya costos concretos. México, por ejemplo, tuvo que ceder espacios en el acuerdo azucarero con Estados Unidos, el cual se firmó este pasado 30 de junio con una reducción del acceso de azúcar refinado mexicano al mercado de Estados Unidos. México, sin embargo, logró echar para atrás el esfuerzo de los azucareros estadounidenses por eliminar completamente el acceso privilegiado del dulce mexicano al mercado de la Unión Americana.

Otro producto mexicano está sufriendo las consecuencias de la incertidumbre sobre la renegociación del TLCAN. Se trata del atún, que ha sido afectado por acciones proteccionistas de Estados Unidos desde hace décadas. La última de las medidas ha sido negar al atún mexicano la etiqueta dolphin safe, a pesar de que las prácticas mexicanas de pesca no sólo cumplen con todos los criterios técnicos de protección a delfines, sino que superan los que se aplican en Estados Unidos y otros países cuyos productos sí reciben esa etiqueta. México ha ganado ya varios casos en contra de las barreras proteccionistas estadounidenses y en abril la Organización Mundial de Comercio le permitió cobrar aranceles punitivos por valor de 162 millones de dólares anuales a productos estadounidenses. Las autoridades mexicanas, sin embargo, no han querido hacer estos cobros hasta ahora para no generar conflictos adicionales en vísperas de la renegociación del TLCAN.

En estas circunstancias uno podría pensar que lo mejor sería evitar de plano una reunión entre Peña Nieto y Trump. La cancillería, sin embargo, ha decidido que la reunión, que ya se canceló una vez, debe llevarse a cabo, siempre y cuando los presidentes no toquen temas sustanciales.

 

Propiedad colectiva

Tenemos un país fundamentalmente de propiedad colectiva. Según el INEGI, 47.3 por ciento de la tierra es ejidal y 9.1 por ciento comunal; sólo 43.6 por ciento es privada, la cual, sin embargo, ha crecido en la última década. México tiene 9.3 millones de terrenos rurales, de los cuales 76.3 por ciento son de propiedad “social” y sólo 20.9 por ciento de propiedad privada.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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